Archivo de la etiqueta: padres

Papel de los hermanos de niños con discapacidad

Por: Linda Susana Dueñas Virgen

El presente ensayo tuvo como principal objetivo conocer el papel que desempeñan los hermanos de personas con discapacidad, se realizó mediante una revisión de la literatura científica sobre el  tema con la finalidad de brindar estrategias a padres de familia y profesionales de la salud que estén interesados en lograr una mayor comprensión y acercamiento emocional que fortalezca los vínculos familiares. Como conclusión se propuso poner en práctica las estrategias que permitan lograr una mejor comprensión y adaptación familiar a la discapacidad.

Introducción:

El presente ensayo tiene como principal objetivo conocer el papel que desempeñan los hermanos de personas con discapacidad, para  bordar esta temática tan relevante socialmente se llevará a cabo una revisión de literatura científica que permita brindar estrategias a padres de familia, profesionales de la salud y educación que estén interesados en lograr una mayor comprensión y acercamiento emocional hacia los hermanos de un niño con discapacidad. Se pretende identificar las estrategias que se han publicado, mediante investigaciones previas, que brinden información necesaria para la comprensión de los hermanos de un niño con discapacidad y como éstos pueden influir en la vida de un niño e incluso de la familia. Este documento se encuentra dividido entre la descripción del papel que juegan los hermanos y sus características así como de las estrategias que favorezcan la comprensión y el acercamiento emocional de  los padres hacia estos niños.

Los hermanos tienen un rol destacado en el futuro en cuanto a la vinculación, el sostén y la contención del niño con discapacidad, también asumen muchas responsabilidades en cuanto al cuidado y atención de su hermano, actuando con mayor madurez de lo que su edad o sus posibilidades le permiten (Ponce, 2007).

Desde muy pequeños, captan el clima familiar de preocupación, angustia o tristeza; por lo cual, asumen cargar con el peso de sostener a estos padres, como si se sintieran impulsados a cumplir con la misión heroica de compensarlos por la herida y el dolor mediante logros y satisfacciones permanentes (Núñez, 1998).

Una cosa es distribuir roles entre los hermanos, como se hace en cualquier familia, y otra convertirlos en los mejores cuidadores de su hermano con discapacidad, lo que puede obstaculizar su desarrollo social.Hay que evitar que la fratría cambie su rol de hermanos por el de padres, e incentivar a sus miembros para que se desarrollen como seres independientes, y no como una extensión del hermano con discapacidad (Núñez y Rodríguez, 2005).

Por tal motivo, los hermanos de niños con discapacidad necesitan recibir, de manera particular, comprensión, atención, apoyo y reconocimiento. Esto actúa como un potenciador de conductas positivas y un facilitador del ajuste psicológico, ya que hay una relación directa entre la percepción de apoyo social, bajos niveles de sentimiento de soledad y un buen funcionamiento académico (Fisman et al., 2000; Trent et al., 2005).

La sociedad espera que cualquier hermano preste ayuda a sus hermanos, ayudas de muchos tipos. Y de forma especial aquellas familias donde algún miembro tiene una discapacidad ya que las necesidades son mayores (Hanna y Midlarsky, 2005) y además también se demuestra que los hermanos de personas con discapacidad intelectual suelen ofrecen grados mayores de apoyo que otros hermanos que no presentan ningún tipo de discapacidad, aunque por supuesto esto no debe tomarse como una norma general. Varias son las investigaciones donde se constata la idea de que “tanto los hermanos/as mayores como menores de niños/as con discapacidad asumen papeles de cuidado aumentados en comparación con sus iguales” (Stoneman, 2006).

Pero el papel de los hermanos no depende únicamente de la propia persona, sino que depende en gran medida de lo que los padres les permitan o les exijan, según los casos. Tal y como dice Ponce (2007) los hermanos juegan un papel importante en la planificación del futuro de la persona con discapacidad, y se encuentra por un lado la preocupación que éstos sienten por hacerlo bien y su deseo de estar implicados pero, por otro lado, la dificultad de los padres de dejarles intervenir en la mayoría de los casos para no cargarles en exceso.

Del mismo modo, una visión optimista y de aceptación por parte de los padres en torno al hijo con discapacidad se correlaciona positivamente con un mejor ajuste personal de los demás hermanos (Guite et al., 2004).

“Muchos hermanos han sido educados desde pequeños para cuidar de su hermano con discapacidad y tienen derecho a elegir si desean o no ser sus tutores. Los hermanos no quieren hablar de obligaciones impuestas de cuidado. Quieren hablar de responsabilidad en el cuidado. Ser tutor, más que una obligación, tiene que ser un derecho que asuma el hermano con total libertad, y que sea él quien decida qué relación quiere establecer con su hermano con discapacidad” (Ponce, 2007).

Es necesario saber que para comunicarse e interactuar con el hermano que presenta discapacidad, así como para aprender a hacer frente a eventuales situaciones estresantes, los hermanos tienen que estar informados, necesitan comunicar lo que sienten, expresarlo y sentirse comprendidos (Lizasoáin, 2007).

Según Meyer (2008) dos son los motivos fundamentales por los que hay que tener en cuenta a los hermanos de personas con discapacidad:

  • Estos hermanos y hermanas van a vivir con los miembros de su familia que tienen necesidades especiales durante más tiempo que cualquier otro. Los hermanos y hermanas estarán ahí después de que se vayan los padres y de que los servicios de educación especial sean una memoria lejana. Si a esos hermanos y hermanas se les proporciona apoyo e información, pueden ayudar a que sus hermanos vivan de una forma digna desde la infancia hasta los años de vejez.
  • A lo largo de sus vidas, los hermanos y hermanas compartirán muchas de las preocupaciones que los padres de niños con necesidades especiales experimentan, incluyendo el aislamiento, la necesidad de información, la culpa, preocupación por el futuro y las continuas demandas de cuidado. Los hermanos y hermanas también hacen frente a otros temas que son exclusivos para ellos, incluyendo el resentimiento, aspectos de amigos, vergüenza y presión por los logros. (Meyer, 2008).

Las estrategias que se brindan son para los padres, profesionales de la salud y educación por lo que están centradas en fortalecer el acercamiento emocional familiar mediante la práctica de los siguientes objetivos (Lizasoáin, 2007):

  • Reconocer el estrés que puede conllevar la discapacidad para el resto de hermanos, minimizando sus efectos negativos.
  • Escuchar a cada hijo en su individualidad y dedicar tiempo para cada uno de ellos.
  • Limitar y distribuir entre los hermanos las responsabilidades en el cuidado del niño con discapacidad.
  • Implicarlos en las decisiones y eventos familiares.
  • Ofrecer oportunidades para llevar a cabo actividades en familia.
  • Desarrollar en el hijo con discapacidad sentimientos de valía y confianza, y hacerlo tan independiente como sea posible.
  • Ofrecerles informaciones sobre la discapacidad y ayudarles a desarrollar actitudes y comportamientos que les permitan afrontar situaciones estresantes de manera constructiva.
  • Permitir expresar sus sentimientos en relación a su hermano con discapacidad y en relación a las otras personas de su entorno.
  • Enseñarles a desarrollar su propio proyecto de vida y aspiraciones.

CONCLUSIÓN

Muchas investigaciones se han centrado únicamente en estudios partiendo de los riesgos creados por tener un hijo con discapacidad, pero considero que es posible lograr una visión positiva de la discapacidad y una implicación activa de los hermanos en la vida de estos desde el convencimiento de que tienen mucho que aportar.

Los niños pueden experimentar una gran variedad de sentimientos respecto a su hermano con discapacidad, pero lo que realmente marcará la diferencia serán las oportunidades que tenga cada hermano de compartir experiencias y de recibir información sobre la realidad que ocurre en nuestra sociedad actual en cuanto a los niños con capacidades diferentes, siendo este último uno de los elementos más importantes.

Es fundamental hacer hincapié en la idea de que todo esto es un proceso a lo largo de toda la vida y que se debe empezar a trabajar desde pequeños, para que poco a poco puedan ir tomando sus propias decisiones y formando esta relación de hermanos.

La toma de conciencia de los padres y profesionales de la salud y educación sobre este tema debe conducir a llevar a la práctica las estrategias de afrontamiento que permitan positivamente una mejor adaptación familiar a la discapacidad.

BIBLIOGRAFIA

Fisman, S., Wolf, L., Ellison, D. & Freeman, T. (2000). A longitudinal study of siblings of children with chronic disabilities. Canadian Journal of Psychiatry, 45(4), 369-375.

Guite, J., Lobato, D.J., Kao, B.T. & Plante, W. (2004). Discordance between sibling and parent reports of the impact of chronic illness and disability on siblings. Childrens Health Care, 33(1), 77 92.

Hannah, ME. & Midlarksy, E. (2005). Helping by Siblings of Children with Mental Retardation. American Journal of Mental Retardation, 110 (2), 87-99

Iriarte, C. y García-Ibarrola, S. (2010). Bases para la intervención emocional con hermanos de niños con discapacidad intelectual. Revista de Investigación Psicoeducativa, 8 (1), 136-166.

Lizasoáin, O. (2007). Impacto que puede conllevar tener un hermano con discapacidad: factores condicionantes y pautas de intervención. Siglo Cero Revista Española sobre Discapacidad Intelectual vol. 38 (39), 223, 69-88.

Meyer, D. and Vadasy, P.(2008). Sibshops: workshops for siblings of children with special needs. Baltimore, Maryland, Paul H. Brookes Publishing Co.

Muñoz, L.A. (2011). Impacto de la discapacidad en las familias, Revista Digital Innovación y Experiencias Educativas, Enero No 38.

Núñez, B. y Rodríguez, L. (2005). Los hermanos de personas con discapacidad: una asignatura pendiente (2ª edición). Buenos Aires, Asociación Telefónica.

Núñez, B. (1998): El niño discapacitado, su familia y su docente Buenos Aires, Grupo Editor Multimedial (Geema)

Ponce Ribas, A. (2007). Apoyando a los hermanos: tres propuestas de intervención con hermanos de personas con discapacidad intelectual. Cuadernos de buenas prácticas FEAPS; 8, Madrid: FEAPS.

Stoneman, Z. (2006). Hermanos de niños con discapacidad: temas de investigación. Revista Española sobre discapacidad intelectual, vol 37 (3), núm. 219: 13-30.

Anuncios

Pérdida y duelo en los niños

Por: María Jesús Ojeda Higuera

El duelo es una reacción emocional normal ante la pérdida de un ser querido o de un estatus humano determinado. El fallecimiento de un ser querido es una experiencia muy dolorosa y los niños no están exentos de vivir esta situación. Se hará una revisión bibliográfica centrada en el objetivo de  describir y elaborar una guía para todas aquellas personas que están en contacto con niños que han sufrido una pérdida, tomar en cuenta la edad y sensibilidad del niño y poder disponer de recursos que ayuden a afrontar esta realidad de la mejor forma posible.

Introducción.

Los niños expresan inicialmente temor, confusión y escepticismo al referirse a la muerte, luego experimentan sentimientos de tristeza, un anhelo por que la persona regrese, dificultades en la concentración, el sueño, y cambios en la alimentación. No todos los niños se expresan de la misma forma, ya que según su comprensión de la muerte y su nivel de desarrollo pueden tener manifestaciones distintas.

Cada cultura presenta diferencias  en cuanto a la vivencia de la muerte, así, al concepto individual de cada sujeto se une el contexto social y familiar en el que el niño  crece y se desarrollaOrdoñez (2007) .

La socialización y la forma de enfrenarnos a la realidad tienen como finalidad el cumplimiento de dos leyes básicas, comunes a todos los seres vivos: la supervivencia individual y la de la especie. La sociedad occidental actual vive marcada por la búsqueda del placer como fin. Ello hace que el discurso social imperante no deje lugar al sufrimiento, considerándolo algo indeseable y antinatural que hay que erradicar en cuanto aparece.

 La intensidad del duelo dependerá de la intensidad de los vínculos de apego del niño y la persona fallecida.

Asimismo a los niños se les margina de las experiencias familiares de muerte y tristeza, se les recomienda compostura y control ante la tragedia. Desde que son muy pequeños se trata de ocultarles el dolor, la enfermedad, la soledad y la muerte, en cambio se les enseña a exaltar como valores máximos, la salud, la belleza, la juventud, la alegría y los triunfos. Subestimando así no sólo su capacidad para enfrentar el dolor, sino también el profundo valor que la tristeza y las pérdidas tienen en la vida emocional.

La muerte es una realidad cuanto menos inquietante, que pasamos toda la vida tratando de mantener a raya. Cuando nos angustia, cuando nos visita, es entonces cuando no nos queda más remedio que sufrir lo “inevitable”. Se hace muy difícil poder ayudar a los niños, acompañarles en sus inquietudes, curiosidades y en su dolor (cuando la muerte les toca de cerca) si nosotros mismos como adultos también sufrimos, nos inquietamos y nos angustiamos por ello.

Es como si, por resultarnos insoportable su dolor, quisiéramos fingir que no ha pasado nada, negamos, alejamos, racionalizamos lo que sucede con el fin de evitar lo que tanto tememos: al niño y su dolor. Así que nos convencemos con argumentos como estos: “Cuanto menos sepa, menos sufrirá”; “Se le pasará pronto”; “Que no nos vea tristes y así no lo pasará mal”; “Hay que distraerle”; “No le puede afectar tanto, es muy pequeño”; “Si te pregunta, dile que no pasa nada, que todo está bien”; “No le hables de lo que ha pasado, se puede asustar y no queremos que lo pase peor”; “No puede afectarle, todavía no se entera”.

 Los niños se hacen infinidad de preguntas sobre la muerte sin necesidad de haber vivido un duelo o el dolor por la muerte de un familiar. Esto explica que, si se preguntan por ella, es porque saben de alguna manera que algo nos sucede. De qué forma y de qué modo es algo que irán aclarando a medida que vayan creciendo, pero lo que sí se evidencia es que los niños intuyen, observan y ven perfectamente los cambios que experimentan las plantas, los animales y las personas (ahora están/ahora no están, el pajarito no se mueve, la hormiga no camina, etc.) y preguntarse el porqué de estos cambios y por qué las cosas mueren y desaparecen no responde más que a su deseo de “aclarar” y “confirmar” lo que ya desde muy pequeños intuyen.El problema es que sus teorías suelen estar condicionadas por la edad, la limitación de su desarrollo cognitivo, su grado de madurez emocional, su capacidad o no de conceptualizar, sus experiencias vitales o lo que otros iguales les hayan contado, todo lo cual hace que sus explicaciones estén teñidas de los miedos, las defensas y lo que sean capaces de digerir a nivel emocional en cada edad. Por esta razón, las explicaciones que ellos construyen suelen ser limitadas y, en la mayoría de los casos, provocan más angustia y confusión que la propia realidad, ya que la fantasía de los niños es mucho más terrorífica de lo que nos imaginamos.

a)    Los niños se preguntan, intuyen y conocen de alguna forma la existencia de la muerte. Si no obtienen respuestas o éstas son confusas, elaborarán sus propias teorías acerca de lo que significa morir.

b)    Estas teorías son siempre limitadas y están marcadas por su pensamiento egocéntrico, fantástico y por su saber emocional, lo que sin duda hará aumentar su angustia y su malestar.

c)    No debemos dejar al niño “a solas” con su mundo de fantasía. Cuando nos pregunta es porque necesita aclarar lo que él mismo construye. Es importante fijarse en qué pregunta y responder de acuerdo a su edad, pero siempre ser sinceros sobre sus dudas. Esto le calmará y le servirá para confiar en nosotros.

d)    Es de vital importancia saber cómo va adquiriendo el niño el concepto de “muerte” y de “estar muerto” a lo largo de su desarrollo evolutivo. Es importante saber qué entiende, qué se pregunta y con qué fantasea a cada edad, para poder ayudarle a que se aproxime a esta realidad de una manera veraz y menos angustiosa.

e)     Estar en duelo es doloroso, pero más doloroso y angustioso es estar en duelo y dejar que tus  fantasías te aterroricen.

f)    Los niños necesitan nuestra ayuda y nuestro acompañamiento, porque su concepto de muerte está en construcción, así como su propia elaboración del duelo

Cuatro conceptos clave sobre la muerte:

1. La muerte es universal: todos los seres vivos mueren

Así de rotunda es la muerte y así hay que saberlo. Sin embargo, no es difícil descubrir cómo, a pesar de que nosotros –adultos- sepamos este hecho a nivel cognitivo, a nivel emocional nos descubramos “cruzando los dedos” como quien se cuenta una mentira y sintamos, dejando a un lado la razón, que la muerte en realidad puede ser selectiva: El niño pregunta motivado por su curiosidad y una cierta sensación de angustia sobre la universalidad de la muerte: “¿Todos quiere decir TODOS de verdad, incluso mis papás, incluso yo mismo?”.

Responder a cuestiones como éstas nos coloca a los adultos en una situación sumamente comprometedora. En una sola pregunta se pone de pronto en juego todo un sinfín de sentimientos que van desde la angustia del niño y su necesidad de negar lo que “intuye”.

2. La muerte es irreversible. Cuando morimos no podemos volver a estar vivos nunca

Es sumamente importante que los niños comprendan que cuando un ser vivo o una persona muere, jamás volverá a estar viva. Se trata de que comprendan que la muerte es algo permanente y no un estado temporal.

Lo principal, antes de dar este tipo de explicaciones, es recordar dos cosas importantes.

– Los niños  NO SOBREENTIENDEN lo que les estamos diciendo: interpretan lo que les decimos de forma literal.

– Los niños TARDAN EN COMPRENDER LA IRREVERSIBILIDAD DE LA MUERTE. Lo que les decimos será siempre interpretado como algo temporal si no les explicamos que no es así.

 3. Todas las funciones vitales terminan completamente en el momento de la muerte. Cuando morimos el cuerpo ya no funciona

Este hecho hace referencia a que, cuando una persona muere, su cuerpo deja literalmente de funcionar: no respira, no se mueve, no le late el corazón y deja a su vez de sentir, de ver, de oír y de pensar.

Así pues, decirle al niño que las flores que hemos puesto en el cementerio le van a gustar mucho a la abuelita, o que papá siempre está viendo lo que hace y nunca se va a separar de él, complica la comprensión del significado de la muerte en el niño, confirmando su teoría de que, una vez que se muere, todavía se sigue estando vivo

4. ¿Por qué nos morimos? Toda muerte tiene un porqué

Es importante explicar al niño el porqué de la muerte de la persona que ha fallecido. Es necesario que sepa que existe una causa física por la que morimos, porque si no le damos una explicación de lo sucedido o no alcanza a comprenderlo, elaborará su propia teoría, dejándose llevar por su pensamiento mágico, lo que puede acabar generándole más angustia:

– “Mamá se ha muerto y a lo mejor es mi culpa, yo estaba muy enfadado con ella”.

– “Mi hermanita estaba muy enferma y yo no quería que pasara tanto tiempo con mamá y papá, ahora se ha muerto por mi culpa”.

 Explicar la muerte a cada edad: Lo que los niños alcanzan a comprender en las distintas etapas de su desarrollo. La muerte es un concepto complejo y se tarda tiempo en conocer su significado total. Los niños van a comprender y a reaccionar de diferentes maneras ante la muerte, dependiendo de su edad, su momento evolutivo, sus experiencias vitales, su desarrollo cognitivo, su grado de madurez, su mundo emocional y su capacidad de conceptualizar. Por otra parte, el estilo de comunicación y las actitudes que la familia posea para afrontar la muerte también influirán en la adquisición del significado y abordaje que el niño pueda ir haciendo sobre la muerte.

Es recomendable hacerlo en un sitio tranquilo y sin interferencias de ningún tipo, así como hablarle con cariño, a los ojos y poniendo en marcha toda la ternura necesaria para ayudar al niño a recibir la noticia con todo el cuidado y el afecto posible. Debe comunicarse cuanto antes la muerte del pariente del niño a la escuela para que el equipo docente y psicopedagógico  tenga en consideración la nueva circunstancia del menor.

Es importante tener en cuenta que ninguna de las explicaciones que se den al niño   tienen por qué darse “de golpe”: podemos ir haciéndolo poco a poco y siempre completándolo con las preguntas, dudas y observaciones que él mismo quiera hacer. Debemos dejar que se exprese, que pregunte, que nos cuente lo que ha entendido, lo que se imagina y lo que fantasea tantas veces como sea necesario, porque sólo así podremos ayudarle en el comienzo y elaboración de su propio duelo.

Conclusiones

Los niños son capaces de experimentar un duelo.

Su forma de entender la muerte, sus dudas y como se enfrentan a ella varían con la edad.

El duelo de un niño tiene características propias y diferentes a la de los adultos y por tanto requieren explicaciones, cuidado y preocupaciones distintas.

Las principales recomendaciones a los padres son la información precoz del fallecimiento, evitar dar nombres confusos a la muerte, recalcar su irreversibilidad, aceptar su particular forma de expresar dolor, invitar a los ritos fúnebres y mantenerse emocional y físicamente cerca.

BIBLIOGRAFIA

-Amalia Ordoñez.

http://www.seom.org/seomcms/images/stories/recursos/sociosyprofs/documentacion/manuales/duelo/duelo11.pdf

-Gallego y María  Antonia Lacasta Reverte.       ,(2007) El duelo en los niños (La pérdida del padre/madre)

 Hospital Universitario La Paz Madrid.

http://www.seom.org/seomcms/images/stories/recursos/sociosyprofs/documentacion/manuales/duelo/duelo11.pdf

-Cristian Zañartu, Chritiane  Kramer  (2008) La muerte y los niños, SCielo .Revista Chilena de Pediatría. .  (4)     393-397.

http://www.seom.org/seomcms/images/stories/recursos/sociosyprofs/documentacion/manuales/duelo/duelo11.pdf

 -Nashiely Montaño Orozco, Jorge Everardo Aguilar. (2007) La muerte y los niños, una guía para los padres. México, asociación Oaxaqueña de psicología.

http://www.conductitlan.net/la_muerte_y_los_ninos.pdf

 -Loreto Cid Egea (2011) Explícame  qué ha pasado, guía para ayudar a los adultos a hablar de la muerte y el duelo con los niños. Fundación Mario Losantos del campo Madrid ,España

http://www.fundacionmlc.org/web/uploads/media/default/0001/01/guia-duelo-infantil-fmlc.pdf

Características de las familias adoptivas que se adaptan satisfactoriamente

Por: Isis Penélope López Cortes

Resumen:

Mediante investigación documental se describe las características de familias que logran una adaptación satisfactoria en situación de adopción de menores. Con el propósito de facilitar la información al público interesado, se encontró que la adopción tiene grandes posibilidades de tener éxito, siempre que cuenten con la preparación previa para recibir al menor, y que revisen si tienen o se formen en características que tienen en común las familias exitosas, señaladas por investigaciones y la adaptación no depende del todo de las características del niño.

Introducción:

 Tener hijos implica la responsabilidad de cubrir sus necesidades tanto físicas como emocionales, educarlos, enseñarles valores, normas, de manera que puedan adaptarse a la sociedad (Labajo, 2008). Los niños adoptados y sus nuevas familias, tienen un reto extra, relacionado con su historia previa.

Describiendo factores que influyen en la adaptación exitosa del menor a la familia y viceversa se podrá comprender mejor lo que los investigadores han observado que le es de utilidad a una familia para tener mejor pronóstico en su adopción. Este trabajo, es de utilidad para las familias que enfrentan o que planean adoptar, para una mejor adaptación  a esta nueva situación de vida.

En nuestro estado existen instituciones en las que se realizan trámites de adopción, sin embargo, DIF nacional reporta que el 38% de las entidades no cuenta con servicio post adopción, por lo tanto, al  toparse en  la práctica psicológica,  con familias en búsqueda de este tipo de apoyo, se revela la necesidad de investigar y formar profesionistas en esta área, por parte de la Universidad Mundial la cual está comprometida con los más necesitados y desprotegidos de nuestra sociedad (DIF, 2007).

En el presente trabajo se  describe brevemente el significado de adopción, las situaciones que se pueden presentar ante la adopción, factores que pueden poner en riesgo la adaptación y características comunes  de las familias que encuentran mayor  satisfacción al adoptar.

Haciendo uso del acceso a internet, en una computadora se revisaran páginas de publicación científica, relacionados con el tema. Mediante el análisis de la información se seleccionara la más adecuada para cumplir con los objetivos del presente trabajo.

Metodología: investigación documental, de familias en la etapa posterior a la adopción legal, específicamente  niños adoptados después de los 8 meses de edad y menores de 12.

La adopción y sus implicaciones:

La palabra adopción, proviene del latín adoptatio, que significa elegir a un defensor, prohijamiento; y del griego adozos: despreciado y adoptare: aceptado (Jaimes, 2011); esto quiere decir que alguien toma, lo que otro deja y se lo  apropia con el fin de defenderlo. La adopción entendida como un medio de proteger a los niños en situación de casa cuna o casa hogar, para brindarles la oportunidad de satisfacer su derecho a desarrollarse en una familia, del mismo modo para la familia tener la oportunidad de cuidar y educar a un menor.

 Educar a un niño en situación de adopción, implica también, hacerse cargo de la historia que trae consigo y que seguramente no es una historia  agradable. La adopción puede servir para sanar sus heridas, se convierte en una oportunidad vida (Gómez, 2009). Para mejorar el pronóstico de la adopción es necesario conocer tanto factores de riesgo, como de protección (Berástegui, 2007; Mundaca, 2000).

Particularmente los infantes adoptados después de los 8 meses, presentan mayores riesgos en relación al apego, esto dificulta que establezcan vínculos adecuados con sus cuidadores, siendo un reto extra para los padres adoptivos (Mundaca, 2000). El mundo que conocen estos niños, las cosas y las personas son inestables, digamos que tienden a desaparecer; los niños por supuesto responden ante esta situación de diferentes maneras (Jaimes, 2011).

Mostrando conductas de hiperactividad, problemas de atención, conductas desafiantes, mentiras, agresividad (verbal y/o física), rabietas, robo, escaparse de casa, retrasos en  su desarrollo, o los opuestos, conductas de retraimiento, etc. Una variedad de conductas con las que ningún padre se quisiera topar, y por supuesto que no son exclusivas de los niños adoptados (Palacios, 2007).

La adopción no es una patología, es un intento  por proteger y garantizar el derecho de los niños a crecer en un hogar y formar parte de una  familia (Femenía, 2010; Jaimes, 2011).

La comprensión del proceso de adaptación ante esta situación, es mejor asimilado, cuando  se contempla todas sus  partes en interacción, no es solamente el niño con la carga genética e histórica que trae, también tiene mucho que ver las características de la familia y el entorno en el que se desenvuelve (Berástegui, 2007). Características de la familia, como la razón para adoptar, la salud de la pareja, los estilos de crianza y el manejo de límites, también tienen mucho que ver en el éxito de la adopción (Jaimes, 2011). Linda Katz (1992, citado en Mundaca, 2000)  dice que a pesar de las dificultades de salud, desarrollo, de conducta, apego, etc., la mayoría de las familias que tienen éxito, es debido a las características de estas, y no del niño exclusivamente.

 Factores que influyen en la adaptación de la familia en adopción

 Brodzinsky y Ramsay, (1985, citado en Mundaca, 2000) proponen factores que pueden influir en la adaptación de la familia, específicamente en el desarrollo de un vínculo:

–  Duelo: cuando la pareja no ha sanado respecto a la esterilidad, el hijo que no pudieron engendrar. Y el niño respecto a la pérdida de su familia biológica (Mundaca, 2000).

–  Durante la adopción legal: pueden experimentar ansiedad e incertidumbre. Depositar y exigir expectativas: de la personalidad del niño, de la conducta y de la reciprocidad de afectos (Mundaca, 2000).

–  Las valoraciones psicosociales durante la adopción legal: pueden generar ansiedad e inseguridades de ser idóneo o no, de tener o no capacidades para cuidar del menor (Mundaca, 2000).

–  Carecer de modelos: al ser hijos biológicos no cuentan con modelos de parentalidad adoptiva (Mundaca, 2000).

–  Pocas o nulas redes de apoyo familiares, sociales (Mundaca, 2000).

–  Tiempo de convivencia del menor con su familia biológica o de institucionalización Mundaca, 2000).

–  Errores de atribución: el es así, porque es adoptado (Mundaca, 2000).

–  Estilo de crianza autoritaria  o permisiva (Mundaca, 2000).

De Angelis, (2000, citado en MUNDACA, 2000) en investigaciones con niños adoptados encontró que las madres que respondían de forma acogedora incluso al rechazo cumplían una función terapéutica para el niño quien respondía de manera favorable. Característica que fue observada en otras  investigaciones las cuales había mayor éxito en la disminución de conductas disruptivas.

Existe evidencia de que la adopción tiene resultados favorables en el desarrollo de estos niños, incluso en comparación con niños criados por sus padres biológicos, pero que tienen afectos ambivalentes o de rechazo ante estos. Investigaciones realizadas en España indican que las posibilidades de satisfacción familiar que se puede alcanzar son mayores a 80% en estudios realizados a familias con adolescentes adoptados (Fernández, 2012). Del mismo modo, la familia también tiene una buena oportunidad de tener un buen funcionamiento tomando las medidas adecuadas (Gómez, 2009).

 Características de las familias exitosas:

Lograr la adaptación tras la adopción, quiere decir, que la familia alcanza un nivel de funcionamiento satisfactorio, sin significar esto que las crisis han terminado, puesto que la vida es continuo de cambios, que conllevan a la crisis (Berástegui, 2007).

Las investigaciones describen características de los padres adoptivos que tienen mayores probabilidades de éxito con su familia:

–  Prepararse para la paternidad adoptiva, en grupos y/o en pareja para la llegada del menor (Jaimes, 2011), entender cuando y como se pueden presentar situaciones, normales en adopción.

–  Tolerancia a los sentimientos ambivalentes en relación al menor. El no juzgarse tan duramente puesto que las conductas de rebelión o rechazo que se pueden presentar pueden ser difíciles pero esperables en esta situación (Mundaca, 2000).

–  Retardan la necesidad de ser correspondidos afectivamente. El niño expresa su temor a la situación en base a su experiencia, no es rechazo directo a su persona. Poder separar el deseo de tener hijos, del deseo de criarlos (Femenía, 2010). Cuando los padres renunciaban a su expectativa de ser correspondidos con afecto, pueden verse como padres de profesión y dar la oportunidad de desarrollarse lo más sano e independiente posible.

–  Reconocer y encontrar felicidad en pequeñas mejorías (Mundaca, 2000).

–  Flexibilidad en el  estilo de crianza de estilo democrática, y los roles, los cuales son compartidos (Mundaca, 2000).

–  Visión sistémica de la familia: visión total de la familia, cada integrante es importante e influye en el funcionamiento de esta, si algo anda mal, es responsabilidad de todos (Mundaca, 2000).

–  Apropiarse, validar y reconocer su rol como padres. Sobre todo el uno al otro como padre y madre, esto le permite al niño identificarse conforme necesita en su desarrollo (Femenía, 2010).

–  Postura proactiva en el cuidado y control del menor (Mundaca, 2000).

–  Humor y auto cuidado. Mantener su capacidad de disfrute, dándose tiempo de descanso personal y conyugal (Mundaca, 2000).

–  Contar con redes de apoyo de familiar en caso de requerir apoyo con el o los menores (Mundaca, 2000).

–  Momentos de interacción positiva, satisfactoria Aprovechar y promover  momentos emotivos para estrechar lazos (Mundaca, 2000).

–  Rituales o ceremonias de bienvenida, de pertenencia. Esto manifiesta la permeabilidad en la familia, el menor puede experimentar abiertamente la recepción afectiva que le proporciona la familia extensa y amigos de la familia (Mundaca, 2000).

–  Actitud positiva y comunicación abierta respecto a la adopción. La adopción está lejos de ser una patología, es más bien una oportunidad de una vida mejor. La connotación que se le da influye directamente en la postura que tomara tanto la familia como el menor (Mundaca, 2000).

 Rushton (2003, citados en Palacios, 2007), Lenerz, Gibbs y Barth (2006, citados en Palacios, 2007) Afirman que la adopción es un proceso que dura toda la vida, por lo tanto las necesidades de todo el sistema van cambiando conforme se van desarrollando sus integrantes y el conjunto.

En el mejor de los casos, la apertura de la familia adoptante puede permitir al menor integrar a su identidad e historia de vida, incluyendo a su familia biológica desde una connotación positiva (Labajo, 2008),con su apertura y comunicación, reestructurando en su mente o verbalmente su historia, el individuo adoptado puede  sanar los vínculos lastimados que tiene para que pueda integrar su identidad y su historia, junto con su nueva familia (Femenía, 2010), respetando sus diferencias con aceptación (Labajo, 2008).

Conclusión:

La adaptación a una adopción en la familia, implica las características y disposiciones de todos los integrantes, más allá de depender del la historia o la genética que traiga el menor, existe basta evidencia de los beneficios que esta oportunidad puede traer en consecuencia y hay características observadas en común en las familias satisfechas al adoptar.

Realizar programas de formación y difusión de estos conocimientos puede ser en beneficio de la niñez situación de  casa cuna o hogar.

  “La adopción es una historia de vínculos que se rompen. Vínculos que intentan mantenerse. Vínculos que se construyen. Los que se rompen deben ser elaborados, los que se construyen acompañados. Nuestro trabajo comienza con un abandono y con el deseo del encuentro. Pero no termina cuando estos se concretan”.Cristian de Renzi (1997, citado en Femenía, 2010).

 Referencias bibliográficas:

  1. Femenía, Alicia y Muñoz, Mayte(2010). Cuadernos de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente: El abordaje terapéutico con familias adoptantes: nuevas formas de parentalidad. Edit. Sociedad Española de Psiquiatría y psicoterapia del Niño y del Adolescente. No 50 2º semestre. España. Pp. 5 – 22. ISSN: 1575-5967
  2. Labajo, Gabriel y Bueno, Natividad (2008). Guía didáctica en materia de adopción para educación infantil y primaria. ARFACYL. Castilla España.
  3. Gómez,Blanca yBerástegui, Ana (2009). El derecho del niño a vivir en familia. Instituto Universitario de la Familia en la Universidad Pontificia. Vol. 67, núm. 130. Madrid. pp. 175-198.  ISSN 0210-9522
  4. Berástegui, Ana (2007). La adaptación familiar en adopción internacional: un proceso de estrés y afrontamiento. Instituto Universitario de la Familia, Universidad Pontificia. Anuario de Psicología, vol. 38, nº 2. Facultad de Psicología. Universidad de Barcelona. Pp. 209-224.  ISSN 0066-5126
  5. Mundaca, Mario, et.al (2000). Factores que Influyen en el apego y la adaptación de los niños adoptados.Revista de Psicología, vol. IX, núm. 1. Universidad de Chile. ISSN: 0716-8039
  6. Palacios Jesús (2007). Después de la adopción: necesidades y niveles de apoyo. Universidad de Sevilla. Anuario de Psicología vol. 38, nº 2. Barcelona, Pp. 181-198.  ISSN 0066-5126
  7. Jaimes, Beatriz y Martínez, María Del Consuelo (2011). Funcionamiento familiar en una muestra de padres adoptivos: Seguimiento post-adopción.Revista Psicología Científica 13(5). México  http://www.psicologiacientifica.com/padres-adoptivos-seguimiento. ISSN: 2322-8644.
  8. DIF Nacional (2007). Sistema Nacional para el desarrollo integral de la familia.. Diagnóstico de la adopción en México. DIF Nacional: México.
  9. Fernández, Milagros; Fuentes, Ma. Jesús; Fernández, Pablo (2012). Predictores de la satisfacción parental en familias con hijos adolescentes adoptados. Revista Mexicana de Psicología, vol. 29, núm. 1. Sociedad Mexicana de Psicología A.C. México.  pp. 49-56. ISSN: 0185-6073

Maltrato infantil dentro de la familia

Por. Lic. en Psic. Martha Patricia Vásquez

RESUMEN 

 “En este trabajo se abordó el tema del maltrato infantil  en el ámbito familiar. Se realizó un análisis de la concepción del niño maltratado con dos diferentes autores  haciendo un recorrido histórico de la problemática hasta llegar a nuestro tiempo. Como conclusiones se comprometió a los profesionales de la salud a buscar estrategias de intervención planteando diferentes premisas que no justifican el maltrato infantil”   

ABSTRACT

“This study broached the subject of child abuse in the family. An analysis of the conception of the abused child with two different authors doing a historical overview of the problem down to our time. As conclusions pledged to health professionals to seek intervention strategies considering different premises that do not justify child abuse “.

  INTRODUCCIÒN

En este ensayo se abordará el tema del maltrato infantil en el ámbito familiar. Se hace un recorrido al trabajo de dos autores que abordan la problemática.

Es necesario hacer un análisis a las concepciones que tenemos con respecto a la violencia o maltrato infantil.

En un primer momento se desarrollara la primera concepción y posteriormente se analizará la otra.

La importancia de buscar una definición es porque se busca justificar dicho acto con la idea de la buena educación,  formación de valores e implementación de reglas en las familias.

Como parte de la idiosincrasia de la cultura mexicana y latina se ha encontrado un tipo de maltrato como formas de educación que utilizan las familias  en las  diferentes generaciones.

Se ha utilizado el maltrato como parte de las técnicas  para generar la buena conducta en los niños, si recordamos las frases que nuestros abuelos y quizás aún padres de esta generación mencionan como parte de la ideología heredara, “¡El que te pega…Te quiere bien!”.

Para definir el maltrato debemos unificar los distintos modelos de trabajo-intervención y los distintos aspectos clínicos, psicosociales y judiciales que condicionan la utilización de diferentes criterios en la conceptualización del maltrato infantil.

La importancia de la familia en el proceso de socialización del niño y el papel de las madres en la educación y del padre como jefe de familia, las diferentes tipologías familiares, tradiciones sociales y leyes, entorno social o urbano, han condicionado el desarrollo social de la infancia, no siendo hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando la familia adquiere las características según nuestra concepción actual de los lazos familiares y del papel de los niños en ella.

En la mitad del siglo XX, La crianza del  niño consistía en formarle y guiarle por el buen camino para adaptarle a la vida en la sociedad. El padre comienza a interesarse por el niño no solo de forma ocasional, e incluso ayuda  a la madre en tareas de crianza.[1]

Actualmente, en muchas familias, cuando alguien quiere intervenir en favor de un niño, se dice: “él es mi hijo y yo hago lo que quiero con él”; es decir, el concepto de “propiedad privada” está internalizado  en nuestra forma de ver y entender las relaciones con nuestros hijos.

Las causas que explican este fenómeno de violencia responden a múltiples factores.

Entre ellos se pueden mencionar:

  • Factores propios del agresor, como son sus características culturales, biológicas o psiquiátricas.
  • Factores propios del agredido, como son las desventajas del niño en términos de  problemas físicos, mentales o el desapego afectivo.
  • Factores ambientales, como la pobreza.
  • Factores culturales, tales como la creencia que el castigo es parte de la crianza de los hijos, en una sociedad centrada en los derechos de los adultos.

Flexibilizarse, sensibilizarse y aceptar que todos somos iguales y que, por lo tanto, cada persona, sea niño, joven, mujer, adulto o anciano, merece la igualdad de espacios para desarrollarse, el respeto a sus derechos más elementales, una libertad plena para pensar diferente y un trato digno y sin violencia.[2]

 CONCLUSIONES:

El abordaje y enfrentamiento de situaciones de Maltrato no sólo demanda formación técnica y profesional de quienes  intervienen en este tipo de conflictivas, sino también una “actitud” y formación ética, compatible con la problemática que se está abordando. En este sentido, el trabajo con niños/as que son víctimas de agresiones,  requiere de un marco o contexto básico, en donde las estrategias específicas de acción se integren y adquieran sentido.

Algunas premisas:

  • No existe ninguna razón que justifique la violencia hacia un niño/a.
  • La violencia no debe tener un lugar dentro de la familia.
  • Nadie merece vivir con miedo, amenazado, lastimado  o insultado dentro de su propia familia.
  • El que abandona,  golpea el alma y el cuerpo es responsable de su propio comportamiento.
  • La conducta violenta se desarrolla en forma progresiva, por lo tanto se deben evitar nuevas crisis.
  • La idea de que quien ejerce  la violencia es “provocado/a”, constituye un mito, que contribuye a mantener y  tolerar la agresión.
  • Cuando la violencia ha comenzado en una familia, es muy difícil que se detenga espontáneamente,  tendiendo a aumentar con el paso del tiempo.

BIBLIOGRAFIA:

  • Casados Flores Juan, José A. Díaz Huertas, Carmen Martínez González, (1997), Niños Maltratados, Editorial Díaz de Santos. S. A., Madrid
  • Iván Zamora Z. (1998), Maltrato Infantil, Coordinador Paicabí, Centro de promoción y apoyo a la infancia. Chile.
  • Arruabarrena, M.I., De Paúl, J. Torres, B. (1990), El Maltrato Infantil: Detección, Notificación, Investigación y Evaluación. Guía Básica de Utilización. Programa de Mejora al Sistema de Atención Social a la Infancia (SASI). Ministerio de Asuntos Sociales, España.


[1] Casados Flores Juan y cols. ( 1997) Niños Maltratados.

[2] Iván Zamora Z.( 1998) Maltrato Infantil.

Hijos de padres divorciados y las consecuencias del divorcio en sus vidas

Por. Adriana De Los Ángeles Flores Pozo

 “Este ensayo se realizo con apoyo de material académico y psicológico, con la intención de encontrar conocimientos que han sido de utilidad para investigaciones en la conducta de niños con padres que se han divorciado. La intención fue describir tal acontecimiento como lo es el divorcio y cuales efectos fueron los comprobados en las conductas de niños y jóvenes. La información aquí espera aclarar si existen consecuencias en los menores, y también que sirva de apoyo para los padres que se encuentran en esta situación. Aquí se encontraran tópicos como la educación del menor y los distintos métodos para abordar un divorcio o separación”.

Este ensayo tiene como finalidad brindar herramientas a padres de familia, docentes y otras personas que se encuentren a cargo de menores. Así como identificar las emociones y conductas del niño ante situaciones que le son ajenas, tales como el divorcio de sus padres, que puede llegar a ser un evento traumatizante o bien armonioso en sus vidas. Se pretende sintetizar las herramientas que se han publicado, tales como investigaciones y ensayos previos, que brinden información necesaria para la comprensión de como una separación o divorcio pueden influir en la vida de un niño, esto de acuerdo al estudio realizado por autores como Riquelme (2005), Benedek (1999) entre otros.

La familia es de una importancia vital para el sano desarrollo de los seres humanos. Sin embargo, en algunas circunstancias, la separación puede ser una medida necesaria cuando la relación de la pareja se ha vuelto muy conflictiva, tiene repercusiones graves sobre los hijos y se han agotado todas las vías para resolver la situación (Pérez, M. Riquelme, 2005).

La disolución legal del vínculo marital es una práctica ampliamente generalizada en el contexto internacional, lo que posibilita que en la mayoría de los países exista el divorcio, aunque con variaciones significativas en los procedimientos para obtenerlo y en las causales que lo justifican (González Fagoaga, 2008). El divorcio fue creado como remedio social contra un matrimonio infeliz, pero en estos últimos años se ha visto que la pareja y gran parte de los hijos de cualquier edad tienden a considerar el divorcio como una experiencia extraordinariamente traumática (Pérez, M. Riquelme, 2005). No hay que minimizar el modo en que será interpretado por el menor, y como influenciara el desarrollo de esta situación toda toma de decisiones que podría devenirle.

Los niños pueden creer que son la causa del conflicto entre sus padres, muchos niños tratan de hacerse responsables de reconciliar a sus padres y muchas veces se sacrifican a sí mismos en el proceso (Benedek, 1999). La pérdida traumática de uno o de ambos padres debido al divorcio puede hacerlos vulnerables a enfermedades físicas y mentales, los padres deben percatarse de las señales de estrés persistentes en sus hijos. Estas señales pueden incluir la falta de interés en la escuela, por los amigos o aún al entretenerse; otros indicios son el dormir muy poco o demasiado y el ser rebeldes y argumentativos con los familiares (Weitzman M, 1998).

La ruptura de la pareja es una de las experiencias más traumáticas y amargas que pueden sufrir los seres humanos(Rojas, 1994). Los actuales valores culturales, que tanto persiguen la calidad de vida y la búsqueda de la felicidad, contribuyen al elevado índice de rupturas de parejas que existe hoy en los países industrializados de occidente (González Fagoaga, 2008).

En su investigación de “El hijo de padres separados”, Riquelme (2005) menciona tres periodos en la separación o divorcio. El período inmediato a la separación se conoce como la etapa aguda y se caracteriza por la agitación máxima y dura unos dos años. Después, la familia entra en una segunda fase de transición caracterizada por cambios más controlados. La tercera y última fase es la pos-divorcio, a la que se llega cuando cesan los principales movimientos familiares de reestructuración y, a veces, después de un nuevo matrimonio (Pérez Riquelme, 2005)

Discusión

Es importante que los padres no coloquen al hijo en una posición de tomar partido cuando los dos adultos más importantes para él tienen criterios tan distintos. Deben ser concretos respecto al futuro de los hijos: el sitio en que vivirán, quién los cuidará, el lugar dónde vivirá el padre no-custodio y la frecuencia de las visitas a sus hijos. Si el niño no quiere hacer la visita es mejor no hacerle sentir culpable, aceptarlo y negociar un próximo encuentro (Pérez Riquelme, 2005). Los padres deben instar a los hijos a que les hagan preguntas y desahoguen sus sentimientos. Conservar a cualquier precio los momentos para estar solo y otros para estar solo con el niño. La separación es un gran choque en la vida del niño. La recomposición familiar rápida es un doble choque cuando el niño no está preparado, es necesario que tenga su ritmo de adaptación.

 Referencias Bibliográficas

  •  Pérez, M. Riquelme, (2005).  Pediatría Integral. Ed. IX. España. Pp. 673-680.
  • Mora, G. (2004).  Familias monoparentales. Ed. XXI. Madrid, España. Pp. 189-96.
  • Ojeda, N. y González Fagoaga, E. (2008). Divorcio y separación conyugal en México en los albores del siglo XXI. Rev. México Social, Vol.70 No.1.
  • Giddens, A. (1998). Familia, matrimonio y vida privada. Ed. SA; Madrid. Pp. 189-227.
  • Rojas, Marcos L. (1994). La pareja rota. Ed. Espasa Calpe SA; Madrid.
  • Weitzman M, y Adair R. (1998). Divorcio e hijos: Niños en riesgo, problemas sociales y médicos. Ed. MacGraw-Hill, Inc. Mexico. Pp. 1451-64.

Diferencias del duelo en los padres por el nacimiento de un hijo con discapacidad

Por. Lic. Psic. Yusahara E. Martínez Cabrera

El padre y la madre, afrontan de manera muy diferente la discapacidad de un hijo, cuando los padres reciben el diagnostico de que su hijo tiene una discapacidad se inicia un proceso de duelo, cuyo proceso se complica, pues supone independizar  su ensoñación de aquel hijo ideal para acercarse a la realidad del hijo con discapacidad. Este es un proceso largo pero necesario, el de “aceptar” al hijo.  Todos los padres reaccionan con una conmoción y tristeza profunda a la noticia de que su hijo tiene características físicas, emocionales o psicológicas diferentes a las del común de los niños, se resisten a afrontar la verdad; evitan mirar la situación real y distorsionan los hechos para que parezcan más aceptables. Paniagua, G. (2001)

Concepto de discapacidad

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2011), la discapacidad “es cualquier restricción o impedimento para la realización de una actividad, ocasionados por una deficiencia dentro del ámbito considerado normal para el ser humano”.

Tipos de discapacidad.

  • Discapacidades intelectuales: involucra un déficit en el rendimiento intelectual
  • Discapacidades auditivas, visuales y del lenguaje: incluye deficiencias visuales, auditivas o de fonación
  • Discapacidades neuro motoras: la capacidad física del sujeto
  • Alteraciones graves de la capacidad de relación y comunicación.

Padres ante el diagnostico de discapacidad de su hijo.

Los padres, después de sufrir el impacto del diagnóstico, asumen la postura de negar las diferencias y la discapacidad de su hijo. (Kasan y Marvin 1984).

Esa actitud se extiende hasta negar el diagnóstico o poner en duda el que le ha sido comunicado por la institución que ha estudiado al niño .La negación del problema genera razonamientos y “maniobras emocionales”, que conducen a los padres a la evasión de la gravedad del defecto, y sus implicaciones en el niño. Suele ocurrir que algunos demuestren un ambiente de normalidad, de ausencia de factores estresantes; mientras que otros esperan que sobrevenga una pronta e idealizada recuperación. (Sorrentino, 1990:16).

Puede suceder que la pareja quiera atribuirse, uno al otro, la responsabilidad o la paternidad del defecto; surge así un sentimiento de culpa, que lastra la unidad necesaria para enfrentar y superar el momento de crisis que atraviesan.  (Ibis, 1990)

La interrupción de la trayectoria laboral de la madre, la reducción de la esfera de las relaciones sociales, la desaparición del tiempo libre, la eliminación de las visitas a los amigos, constituyen frustraciones vitales, que pueden conducir al rechazo por el hijo (reacción involuntariamente inconsciente), que no necesariamente conduce al abandono de este. Soifer (1993)

Pasa a segundo plano la necesidad de mantener y cuidar su aspecto físico y de satisfacer otras necesidades familiares y personales. En ocasiones, se crea una situación cíclica porque la madre puede percatarse, con ayuda externa o sin ella, de su estado y una reacción la llevaría a atender los roles abandonados, lo que la lleva a autoevaluarse como “mala”, por no dedicarle todo el tiempo al hijo discapacitado, por lo que los vuelve a abandonar, ahora con mayor fuerza y mayores sentimientos de culpa. Toda esta situación va en detrimento de la madre, ya que con frecuencia es objeto de la “tiranía” de un hijo que ella misma ha modelado con actitudes sobreprotectoras extremas. (Kasan y Marvin 1984)

La crisis por el diagnostico de un hijo con discapacidad

El equilibrio de la familia queda generalmente descompensado, tanto el funcionamiento interno de la familia como sus relaciones con el mundo exterior, se altera.  En los padres ante el diagnostico de discapacidad de su hijo se dan una serie de sentimientos, que impiden comprender la situación y que muchas veces los paraliza.  Son una serie de reacciones naturales ante los aspectos negativos de la limitación, surgen como una defensa primitiva ante el sufrimiento psicológico, actúan como un anestésico, de efecto inmediato, aunque temporal, que da a la estructura psíquica tiempo para elaborar un sistema de defensa más adecuado. Es característico en este momento que los padres tengan una visión muy limitada de su situación. Están aturdidos y presentan dificultades para responder ante la persona y situaciones de la vida diaria. (Paniagua. 2001)

Esto incide en la manera como entienden las cosas que el equipo de profesionales que atienden a su hijo le dicen acerca de su diagnóstico y pronóstico. La información que en ocasiones se le intenta transmitir, es en palabras de los profesionales, “como sino las entendieran”, se produce un desfase entre el saber y la verdad: comprenden las palabras pero no escuchan la verdad, pues está implica un dolor intenso y en muchos casos es destructivo para la estabilidad emocional. . (Ibis. 2001).  Es igualmente importante hecho de que este proceso se da justo en el momento en que su hijo más los necesita a nivel de la aceptación, protección y apoyo. Como vemos el nacimiento del niño con discapacidad, produce una crisis que tiene varias fases la primera: es la fase de shock, la segunda es la fase de reacción y la última es la fase de la realidad, en la que se produce una adaptación al problema, puesto que los padres tienen que enfrentarse a la crianza del niño o niña con discapacidad.  Por otra parte, diversos autores (Ingalls, 1989; Cunningham y Davis, 1994; Jasso, 2001; Nuñez, 2003) comentan que “el hecho de identificar a un niño con características diferentes invalida la estructura familiar y provoca inseguridad y ansiedad, esto hace más difícil el que los padres sientan apego por el niño o la niña en el sentido de que éste los complete o valide”. Al oír el diagnóstico, algunos padres sienten un fuerte impulso protector. Otros continúan estando inciertos e inseguros sobre sus sentimientos durante meses.

Durante este tiempo, tratan de predecir cómo será el futuro con el niño, qué problemas surgirán y cómo se enfrentarán con ellos en el porvenir.  “Los padres de niños con características diferentes sufren una fuerte conmoción al recibir la noticia de la discapacidad de su hijo, rompe todas las expectativas y los sumerge en una inesperada sensación de desconcierto y preocupación que se va transformando en un sentimiento de impotencia y soledad”. Muntaner (1998).

La reacción por género

En la mayoría de estudios sobre el tema, se valora el impacto que tiene el nacimiento de un hijo discapacitado en el núcleo familiar o en la madre.  “Los padres en muchos casos son los que sufren mayor depresión”. (Kasan y Marvin 1984), debido quizás a la dificultad que tienen para expresar sus afectos, en este sentido, suelen presentar un acercamiento progresivo y gradual, en cambio las madres muestran periodos de euforia y crisis, presentando una mayor tendencia a la aflicción, a sentir sentimientos de culpa y a necesitar exteriorizar sus sentimientos, lo que les ayuda a evitar la depresión.

 Al interior de las aulas o espacios de rehabilitación, el padre brilla por su ausencia. Es común identificar que el mayor peso de la responsabilidad a este nivel es delegado y asumido por las madres, las mujeres. Son ellas, las que asumen  en ocasiones de manera estoica  el compromiso de “sacar adelante a sus hijos”, haciendo frente a cualquier adversidad, asumiendo cualquier costo, hasta el descuido y la renuncia hacia sí misma. Es común identificar a muchas madres que “dan la vida por sus hijos”, y esto en el sentido estricto de la palabra es permutar su vida por la de su hijo. (Kazán y Marvin 1984)

MADRE/PADRE (Cuidadora primaria) (cuidador secundario).

Las madres con hijos con discapacidad, la expresión o sentimiento de duelo se manifiestan ante la realidad de tener un hijo con deficiencia, hecho que repercute dolorosamente en ellas, ya que estas pierden la ilusión y la idea del hijo perfecto, sano y “normal”. En el duelo del padre aparecen con mayor intensidad sentimientos de rechazo, vergüenza, tristeza, etc. Todo lo cual a su vez disminuye la motivación y participación activa del padre en la aceptación y rehabilitación del niño. No exteriorizan sus sentimientos y no lloran, e incluso evitan cualquier mención o referencia de su “pérdida” y muchas veces se incorporan rápidamente a su vida corriente, siendo esta una forma aparentemente “normal” de afrontar la pérdida. Soifer (1993)

La interrupción de la trayectoria laboral de la madre, la reducción de la esfera de las relaciones sociales, la desaparición del tiempo libre, la eliminación de las visitas a los amigos, constituyen frustraciones vitales, que pueden conducir al rechazo por el hijo (reacción involuntariamente inconsciente), que no necesariamente conduce al abandono de este.  Se dedica por entero a cumplir su rol de “madre del hijo discapacitado” y olvida que tienen otros hijos (en los casos en que exista), un esposo que también sufre, etc. Evita sus obligaciones como padre de manera inconsciente muchas veces deja sola a su cónyuge. Cree que es ella quien tiene la obligación de velar por el bienestar del hijo que procreado.(Paniagua. 2001)

Se crea una situación cíclica porque la madre puede percatarse, con ayuda externa o sin ella, de su estado y una reacción la llevaría a atender los roles abandonados, lo que la lleva a autoevaluarse como “mala”, por no dedicarle todo el tiempo al hijo discapacitado, por lo que los vuelve a abandonar, ahora con mayor fuerza y mayores sentimientos de culpa.. (Giberti, E. 1999) 

Conclusión

De acuerdo a lo ya analizado, la figura paterna y materna afrontan de manera muy diferente la discapacidad de un hijo así con esto se muestra la negación del padre la cual prevalece por más tiempo y se acorta sensiblemente para la madre. El padre pasa por la negación la cual le ayuda a  conserva la esperanza de que pueda existir algún error en el diagnóstico con esto evita  mirar la situación real y distorsionan los hechos para que parezcan más aceptables, se comportan fríos calculadores y prácticos hacia la situación, dejando la mayor parte del tiempo a la madre sola con una ayuda no involutiva. Así entonces la figura materna se erige o edifica dentro de la familia que tiene un hijo con discapacidad como la figura predominantemente de mayor valor por afrontar con mayor entereza, asertividad, protección y amor a un hijo de tales características.

 Bibliografía

  • Discapacidad OMS 2011 http://www.who.int/topics/disabilities/es/
  • GIBERTI, E. 1999. “Escuela para Padres. Fascículo Nº 20. Página 12”. Bs. As. Argentina
  • Ingalls, R P (1989) retraso mental. La nueva perspectiva. México: el manual moderno
  • Jasso, G.L. (2001) El niño Down: mitos y realidades. México: El Manual Moderno.
  • Kazán, A. y Marvin, R (1984). Differences, difficulties and adaptation: stress and social networks in families with handicapped child. Family Relations, 33, 67-77.
  • Muntaner, JJ (1998) La sociedad ante el deficiente mental. Normalización, Integración Educación, Inserción Social y Laboral. Madrid: Narcea.
  • Mcgillicudy-Delsi, Vay Siegal, IE (1986), Efecct oy the atypical child on the family. In LA Bond y JM Joffe (Eds). Facilating Infant and Early Childhood Development. Press of New England, Hanover y London
  • Núñez, B. “El niño sordo y su familia”. Aportes desde la psicología clínica. Ed. Troquel Educación. 1991
  • Paniagua, G. 2001. “Desarrollo psicológico y educación”. Madrid. España.
  • Soifer, R. 1971. “Psicología del embarazo, parto y puerperio” Ediciones. Kargieman. 1973. 2° edición. Bs. As. Argentina
  • SorrentinO, A. M. (1990). Handicap y rehabilitación., Barcelona, Paidós

Que necesitan nuestros Jovenes…

Por: Psic. Francisco A. Olvera Minjares

La educación que recibimos de nuestros padres, y los medios de comunicación, nos hicieron creer que nuestros hijos se podían  “traumar” si les hablamos fuerte, si los castigamos, o les marcamos límites muy claros. Nos hicieron temerle al conflicto con los hijos, evitamos temas complicados, evitamos sancionar, nuestras consecuencias frente a las reglas deja mucho que desear.

            Se nos olvido ser autoridad. Se nos olvidó, que como padres, nuestra función primordial es educar a nuestros hijos, y me refiero a educar para la vida, no a la educación escolar.

            La generación actual, jóvenes entre 18 y 30 años, no tienen definido que quieren en la vida, o como dijo Bucay, “¿para que viven?” les falta el temple, el sentido de vivir, del que habla Viktor Frankl.

            Pilar Sordo, Psicóloga chilena, propone en su libro “¡Viva la Diferencia!” lo que ella llama ” LOS TRES PILARES DE LA EDUCACIÓN”

  • RESPONSABILIDAD
  • LIBERTAD
  • FUERZA DE VOLUNTAD

            Los padres debemos educar a nuestros hijos para que tengan responsabilidad, debemos darles tareas y deberes de vida, no solo académicos, que les permitan poco a poco, sentirse aptos para enfrentar la vida, conozco jóvenes que tienen maestrías y doctorados, pero que no saben salir a buscar trabajo, jóvenes con licenciatura en mercadotecnia,  que creen denigrante trabajar en un puesto de tacos, cuando, es ahí, donde pueden ejercer su profesión,  Jóvenes que creen merecerlo todo por haber estudiado y creen injusto que nadie les de  trabajo, sin haber luchado antes por conseguirlo.

            Estas tareas  de vida, pueden ser: hacer labores en casa, trabajar en vacaciones, hacer labor social, ayudar en el trabajo a los padres, etc.

            La libertad concebida como “hacer lo que tiene sentido para mi proyecto de vida”, y no como “hacer lo que yo quiero”,  sin embargo, para tener esta libertad, es necesario primero ser responsable, un Joven responsable, tendrá la claridad de pensamiento para decidir cuándo ejercer su libertad, es decir, cuando hacer algo para darle sentido y rumbo a su vida.

            Para lograr esto, es necesario permitirle, la toma de decisiones responsables, en donde pueda asumir las consecuencias de sus acciones, sean estas consecuencias logros o fallas.

            Y por último, la educación de la fuerza de voluntad, que será necesaria para ejercer la libertad y la responsabilidad.

            Sin la fuerza de voluntad, no hay acción que continúe, meta que se alcance, sueños que se persigan, la fuerza de voluntad, se adquiere en el día a día, con la “obligación” de hacer aquello que en ocasiones no nos gusta hacer o no tenemos ganas de hacerlo, la fuerza de voluntad, es aprender a encontrar motivos donde no los hay, la fuerza de voluntad, es anteponer mi responsabilidad a mi flojera o desgano.

            Para formar estos tres pilares los padres, debemos ser consistentes y congruentes, ser consistentes, significa, no desautorizarse entre los adultos, mantener firme la decisión de castigos o consecuencias por las acciones de los hijos, mantener la congruencia entre los castigos y las faltas, no cambiar los valores o puntos de vista por conveniencia.

             La educación de la fuerza de voluntad, no se logra  FACILITANDOLES LAS COSAS, sino enseñándoles como enfrentarse a ellas y a darles solución.

             SI QUIERES QUE TU HIJO ANDE EL CAMINO, NO LE HAGAS EL CAMINO, ENSEÑALE COMO HACERLO, Y EL DECIDIRA EL RUMBO.