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Pérdida y duelo en los niños

Por: María Jesús Ojeda Higuera

El duelo es una reacción emocional normal ante la pérdida de un ser querido o de un estatus humano determinado. El fallecimiento de un ser querido es una experiencia muy dolorosa y los niños no están exentos de vivir esta situación. Se hará una revisión bibliográfica centrada en el objetivo de  describir y elaborar una guía para todas aquellas personas que están en contacto con niños que han sufrido una pérdida, tomar en cuenta la edad y sensibilidad del niño y poder disponer de recursos que ayuden a afrontar esta realidad de la mejor forma posible.

Introducción.

Los niños expresan inicialmente temor, confusión y escepticismo al referirse a la muerte, luego experimentan sentimientos de tristeza, un anhelo por que la persona regrese, dificultades en la concentración, el sueño, y cambios en la alimentación. No todos los niños se expresan de la misma forma, ya que según su comprensión de la muerte y su nivel de desarrollo pueden tener manifestaciones distintas.

Cada cultura presenta diferencias  en cuanto a la vivencia de la muerte, así, al concepto individual de cada sujeto se une el contexto social y familiar en el que el niño  crece y se desarrollaOrdoñez (2007) .

La socialización y la forma de enfrenarnos a la realidad tienen como finalidad el cumplimiento de dos leyes básicas, comunes a todos los seres vivos: la supervivencia individual y la de la especie. La sociedad occidental actual vive marcada por la búsqueda del placer como fin. Ello hace que el discurso social imperante no deje lugar al sufrimiento, considerándolo algo indeseable y antinatural que hay que erradicar en cuanto aparece.

 La intensidad del duelo dependerá de la intensidad de los vínculos de apego del niño y la persona fallecida.

Asimismo a los niños se les margina de las experiencias familiares de muerte y tristeza, se les recomienda compostura y control ante la tragedia. Desde que son muy pequeños se trata de ocultarles el dolor, la enfermedad, la soledad y la muerte, en cambio se les enseña a exaltar como valores máximos, la salud, la belleza, la juventud, la alegría y los triunfos. Subestimando así no sólo su capacidad para enfrentar el dolor, sino también el profundo valor que la tristeza y las pérdidas tienen en la vida emocional.

La muerte es una realidad cuanto menos inquietante, que pasamos toda la vida tratando de mantener a raya. Cuando nos angustia, cuando nos visita, es entonces cuando no nos queda más remedio que sufrir lo “inevitable”. Se hace muy difícil poder ayudar a los niños, acompañarles en sus inquietudes, curiosidades y en su dolor (cuando la muerte les toca de cerca) si nosotros mismos como adultos también sufrimos, nos inquietamos y nos angustiamos por ello.

Es como si, por resultarnos insoportable su dolor, quisiéramos fingir que no ha pasado nada, negamos, alejamos, racionalizamos lo que sucede con el fin de evitar lo que tanto tememos: al niño y su dolor. Así que nos convencemos con argumentos como estos: “Cuanto menos sepa, menos sufrirá”; “Se le pasará pronto”; “Que no nos vea tristes y así no lo pasará mal”; “Hay que distraerle”; “No le puede afectar tanto, es muy pequeño”; “Si te pregunta, dile que no pasa nada, que todo está bien”; “No le hables de lo que ha pasado, se puede asustar y no queremos que lo pase peor”; “No puede afectarle, todavía no se entera”.

 Los niños se hacen infinidad de preguntas sobre la muerte sin necesidad de haber vivido un duelo o el dolor por la muerte de un familiar. Esto explica que, si se preguntan por ella, es porque saben de alguna manera que algo nos sucede. De qué forma y de qué modo es algo que irán aclarando a medida que vayan creciendo, pero lo que sí se evidencia es que los niños intuyen, observan y ven perfectamente los cambios que experimentan las plantas, los animales y las personas (ahora están/ahora no están, el pajarito no se mueve, la hormiga no camina, etc.) y preguntarse el porqué de estos cambios y por qué las cosas mueren y desaparecen no responde más que a su deseo de “aclarar” y “confirmar” lo que ya desde muy pequeños intuyen.El problema es que sus teorías suelen estar condicionadas por la edad, la limitación de su desarrollo cognitivo, su grado de madurez emocional, su capacidad o no de conceptualizar, sus experiencias vitales o lo que otros iguales les hayan contado, todo lo cual hace que sus explicaciones estén teñidas de los miedos, las defensas y lo que sean capaces de digerir a nivel emocional en cada edad. Por esta razón, las explicaciones que ellos construyen suelen ser limitadas y, en la mayoría de los casos, provocan más angustia y confusión que la propia realidad, ya que la fantasía de los niños es mucho más terrorífica de lo que nos imaginamos.

a)    Los niños se preguntan, intuyen y conocen de alguna forma la existencia de la muerte. Si no obtienen respuestas o éstas son confusas, elaborarán sus propias teorías acerca de lo que significa morir.

b)    Estas teorías son siempre limitadas y están marcadas por su pensamiento egocéntrico, fantástico y por su saber emocional, lo que sin duda hará aumentar su angustia y su malestar.

c)    No debemos dejar al niño “a solas” con su mundo de fantasía. Cuando nos pregunta es porque necesita aclarar lo que él mismo construye. Es importante fijarse en qué pregunta y responder de acuerdo a su edad, pero siempre ser sinceros sobre sus dudas. Esto le calmará y le servirá para confiar en nosotros.

d)    Es de vital importancia saber cómo va adquiriendo el niño el concepto de “muerte” y de “estar muerto” a lo largo de su desarrollo evolutivo. Es importante saber qué entiende, qué se pregunta y con qué fantasea a cada edad, para poder ayudarle a que se aproxime a esta realidad de una manera veraz y menos angustiosa.

e)     Estar en duelo es doloroso, pero más doloroso y angustioso es estar en duelo y dejar que tus  fantasías te aterroricen.

f)    Los niños necesitan nuestra ayuda y nuestro acompañamiento, porque su concepto de muerte está en construcción, así como su propia elaboración del duelo

Cuatro conceptos clave sobre la muerte:

1. La muerte es universal: todos los seres vivos mueren

Así de rotunda es la muerte y así hay que saberlo. Sin embargo, no es difícil descubrir cómo, a pesar de que nosotros –adultos- sepamos este hecho a nivel cognitivo, a nivel emocional nos descubramos “cruzando los dedos” como quien se cuenta una mentira y sintamos, dejando a un lado la razón, que la muerte en realidad puede ser selectiva: El niño pregunta motivado por su curiosidad y una cierta sensación de angustia sobre la universalidad de la muerte: “¿Todos quiere decir TODOS de verdad, incluso mis papás, incluso yo mismo?”.

Responder a cuestiones como éstas nos coloca a los adultos en una situación sumamente comprometedora. En una sola pregunta se pone de pronto en juego todo un sinfín de sentimientos que van desde la angustia del niño y su necesidad de negar lo que “intuye”.

2. La muerte es irreversible. Cuando morimos no podemos volver a estar vivos nunca

Es sumamente importante que los niños comprendan que cuando un ser vivo o una persona muere, jamás volverá a estar viva. Se trata de que comprendan que la muerte es algo permanente y no un estado temporal.

Lo principal, antes de dar este tipo de explicaciones, es recordar dos cosas importantes.

– Los niños  NO SOBREENTIENDEN lo que les estamos diciendo: interpretan lo que les decimos de forma literal.

– Los niños TARDAN EN COMPRENDER LA IRREVERSIBILIDAD DE LA MUERTE. Lo que les decimos será siempre interpretado como algo temporal si no les explicamos que no es así.

 3. Todas las funciones vitales terminan completamente en el momento de la muerte. Cuando morimos el cuerpo ya no funciona

Este hecho hace referencia a que, cuando una persona muere, su cuerpo deja literalmente de funcionar: no respira, no se mueve, no le late el corazón y deja a su vez de sentir, de ver, de oír y de pensar.

Así pues, decirle al niño que las flores que hemos puesto en el cementerio le van a gustar mucho a la abuelita, o que papá siempre está viendo lo que hace y nunca se va a separar de él, complica la comprensión del significado de la muerte en el niño, confirmando su teoría de que, una vez que se muere, todavía se sigue estando vivo

4. ¿Por qué nos morimos? Toda muerte tiene un porqué

Es importante explicar al niño el porqué de la muerte de la persona que ha fallecido. Es necesario que sepa que existe una causa física por la que morimos, porque si no le damos una explicación de lo sucedido o no alcanza a comprenderlo, elaborará su propia teoría, dejándose llevar por su pensamiento mágico, lo que puede acabar generándole más angustia:

– “Mamá se ha muerto y a lo mejor es mi culpa, yo estaba muy enfadado con ella”.

– “Mi hermanita estaba muy enferma y yo no quería que pasara tanto tiempo con mamá y papá, ahora se ha muerto por mi culpa”.

 Explicar la muerte a cada edad: Lo que los niños alcanzan a comprender en las distintas etapas de su desarrollo. La muerte es un concepto complejo y se tarda tiempo en conocer su significado total. Los niños van a comprender y a reaccionar de diferentes maneras ante la muerte, dependiendo de su edad, su momento evolutivo, sus experiencias vitales, su desarrollo cognitivo, su grado de madurez, su mundo emocional y su capacidad de conceptualizar. Por otra parte, el estilo de comunicación y las actitudes que la familia posea para afrontar la muerte también influirán en la adquisición del significado y abordaje que el niño pueda ir haciendo sobre la muerte.

Es recomendable hacerlo en un sitio tranquilo y sin interferencias de ningún tipo, así como hablarle con cariño, a los ojos y poniendo en marcha toda la ternura necesaria para ayudar al niño a recibir la noticia con todo el cuidado y el afecto posible. Debe comunicarse cuanto antes la muerte del pariente del niño a la escuela para que el equipo docente y psicopedagógico  tenga en consideración la nueva circunstancia del menor.

Es importante tener en cuenta que ninguna de las explicaciones que se den al niño   tienen por qué darse “de golpe”: podemos ir haciéndolo poco a poco y siempre completándolo con las preguntas, dudas y observaciones que él mismo quiera hacer. Debemos dejar que se exprese, que pregunte, que nos cuente lo que ha entendido, lo que se imagina y lo que fantasea tantas veces como sea necesario, porque sólo así podremos ayudarle en el comienzo y elaboración de su propio duelo.

Conclusiones

Los niños son capaces de experimentar un duelo.

Su forma de entender la muerte, sus dudas y como se enfrentan a ella varían con la edad.

El duelo de un niño tiene características propias y diferentes a la de los adultos y por tanto requieren explicaciones, cuidado y preocupaciones distintas.

Las principales recomendaciones a los padres son la información precoz del fallecimiento, evitar dar nombres confusos a la muerte, recalcar su irreversibilidad, aceptar su particular forma de expresar dolor, invitar a los ritos fúnebres y mantenerse emocional y físicamente cerca.

BIBLIOGRAFIA

-Amalia Ordoñez.

http://www.seom.org/seomcms/images/stories/recursos/sociosyprofs/documentacion/manuales/duelo/duelo11.pdf

-Gallego y María  Antonia Lacasta Reverte.       ,(2007) El duelo en los niños (La pérdida del padre/madre)

 Hospital Universitario La Paz Madrid.

http://www.seom.org/seomcms/images/stories/recursos/sociosyprofs/documentacion/manuales/duelo/duelo11.pdf

-Cristian Zañartu, Chritiane  Kramer  (2008) La muerte y los niños, SCielo .Revista Chilena de Pediatría. .  (4)     393-397.

http://www.seom.org/seomcms/images/stories/recursos/sociosyprofs/documentacion/manuales/duelo/duelo11.pdf

 -Nashiely Montaño Orozco, Jorge Everardo Aguilar. (2007) La muerte y los niños, una guía para los padres. México, asociación Oaxaqueña de psicología.

http://www.conductitlan.net/la_muerte_y_los_ninos.pdf

 -Loreto Cid Egea (2011) Explícame  qué ha pasado, guía para ayudar a los adultos a hablar de la muerte y el duelo con los niños. Fundación Mario Losantos del campo Madrid ,España

http://www.fundacionmlc.org/web/uploads/media/default/0001/01/guia-duelo-infantil-fmlc.pdf

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Maltrato infantil dentro de la familia

Por. Lic. en Psic. Martha Patricia Vásquez

RESUMEN 

 “En este trabajo se abordó el tema del maltrato infantil  en el ámbito familiar. Se realizó un análisis de la concepción del niño maltratado con dos diferentes autores  haciendo un recorrido histórico de la problemática hasta llegar a nuestro tiempo. Como conclusiones se comprometió a los profesionales de la salud a buscar estrategias de intervención planteando diferentes premisas que no justifican el maltrato infantil”   

ABSTRACT

“This study broached the subject of child abuse in the family. An analysis of the conception of the abused child with two different authors doing a historical overview of the problem down to our time. As conclusions pledged to health professionals to seek intervention strategies considering different premises that do not justify child abuse “.

  INTRODUCCIÒN

En este ensayo se abordará el tema del maltrato infantil en el ámbito familiar. Se hace un recorrido al trabajo de dos autores que abordan la problemática.

Es necesario hacer un análisis a las concepciones que tenemos con respecto a la violencia o maltrato infantil.

En un primer momento se desarrollara la primera concepción y posteriormente se analizará la otra.

La importancia de buscar una definición es porque se busca justificar dicho acto con la idea de la buena educación,  formación de valores e implementación de reglas en las familias.

Como parte de la idiosincrasia de la cultura mexicana y latina se ha encontrado un tipo de maltrato como formas de educación que utilizan las familias  en las  diferentes generaciones.

Se ha utilizado el maltrato como parte de las técnicas  para generar la buena conducta en los niños, si recordamos las frases que nuestros abuelos y quizás aún padres de esta generación mencionan como parte de la ideología heredara, “¡El que te pega…Te quiere bien!”.

Para definir el maltrato debemos unificar los distintos modelos de trabajo-intervención y los distintos aspectos clínicos, psicosociales y judiciales que condicionan la utilización de diferentes criterios en la conceptualización del maltrato infantil.

La importancia de la familia en el proceso de socialización del niño y el papel de las madres en la educación y del padre como jefe de familia, las diferentes tipologías familiares, tradiciones sociales y leyes, entorno social o urbano, han condicionado el desarrollo social de la infancia, no siendo hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando la familia adquiere las características según nuestra concepción actual de los lazos familiares y del papel de los niños en ella.

En la mitad del siglo XX, La crianza del  niño consistía en formarle y guiarle por el buen camino para adaptarle a la vida en la sociedad. El padre comienza a interesarse por el niño no solo de forma ocasional, e incluso ayuda  a la madre en tareas de crianza.[1]

Actualmente, en muchas familias, cuando alguien quiere intervenir en favor de un niño, se dice: “él es mi hijo y yo hago lo que quiero con él”; es decir, el concepto de “propiedad privada” está internalizado  en nuestra forma de ver y entender las relaciones con nuestros hijos.

Las causas que explican este fenómeno de violencia responden a múltiples factores.

Entre ellos se pueden mencionar:

  • Factores propios del agresor, como son sus características culturales, biológicas o psiquiátricas.
  • Factores propios del agredido, como son las desventajas del niño en términos de  problemas físicos, mentales o el desapego afectivo.
  • Factores ambientales, como la pobreza.
  • Factores culturales, tales como la creencia que el castigo es parte de la crianza de los hijos, en una sociedad centrada en los derechos de los adultos.

Flexibilizarse, sensibilizarse y aceptar que todos somos iguales y que, por lo tanto, cada persona, sea niño, joven, mujer, adulto o anciano, merece la igualdad de espacios para desarrollarse, el respeto a sus derechos más elementales, una libertad plena para pensar diferente y un trato digno y sin violencia.[2]

 CONCLUSIONES:

El abordaje y enfrentamiento de situaciones de Maltrato no sólo demanda formación técnica y profesional de quienes  intervienen en este tipo de conflictivas, sino también una “actitud” y formación ética, compatible con la problemática que se está abordando. En este sentido, el trabajo con niños/as que son víctimas de agresiones,  requiere de un marco o contexto básico, en donde las estrategias específicas de acción se integren y adquieran sentido.

Algunas premisas:

  • No existe ninguna razón que justifique la violencia hacia un niño/a.
  • La violencia no debe tener un lugar dentro de la familia.
  • Nadie merece vivir con miedo, amenazado, lastimado  o insultado dentro de su propia familia.
  • El que abandona,  golpea el alma y el cuerpo es responsable de su propio comportamiento.
  • La conducta violenta se desarrolla en forma progresiva, por lo tanto se deben evitar nuevas crisis.
  • La idea de que quien ejerce  la violencia es “provocado/a”, constituye un mito, que contribuye a mantener y  tolerar la agresión.
  • Cuando la violencia ha comenzado en una familia, es muy difícil que se detenga espontáneamente,  tendiendo a aumentar con el paso del tiempo.

BIBLIOGRAFIA:

  • Casados Flores Juan, José A. Díaz Huertas, Carmen Martínez González, (1997), Niños Maltratados, Editorial Díaz de Santos. S. A., Madrid
  • Iván Zamora Z. (1998), Maltrato Infantil, Coordinador Paicabí, Centro de promoción y apoyo a la infancia. Chile.
  • Arruabarrena, M.I., De Paúl, J. Torres, B. (1990), El Maltrato Infantil: Detección, Notificación, Investigación y Evaluación. Guía Básica de Utilización. Programa de Mejora al Sistema de Atención Social a la Infancia (SASI). Ministerio de Asuntos Sociales, España.


[1] Casados Flores Juan y cols. ( 1997) Niños Maltratados.

[2] Iván Zamora Z.( 1998) Maltrato Infantil.

Hijos de padres divorciados y las consecuencias del divorcio en sus vidas

Por. Adriana De Los Ángeles Flores Pozo

 “Este ensayo se realizo con apoyo de material académico y psicológico, con la intención de encontrar conocimientos que han sido de utilidad para investigaciones en la conducta de niños con padres que se han divorciado. La intención fue describir tal acontecimiento como lo es el divorcio y cuales efectos fueron los comprobados en las conductas de niños y jóvenes. La información aquí espera aclarar si existen consecuencias en los menores, y también que sirva de apoyo para los padres que se encuentran en esta situación. Aquí se encontraran tópicos como la educación del menor y los distintos métodos para abordar un divorcio o separación”.

Este ensayo tiene como finalidad brindar herramientas a padres de familia, docentes y otras personas que se encuentren a cargo de menores. Así como identificar las emociones y conductas del niño ante situaciones que le son ajenas, tales como el divorcio de sus padres, que puede llegar a ser un evento traumatizante o bien armonioso en sus vidas. Se pretende sintetizar las herramientas que se han publicado, tales como investigaciones y ensayos previos, que brinden información necesaria para la comprensión de como una separación o divorcio pueden influir en la vida de un niño, esto de acuerdo al estudio realizado por autores como Riquelme (2005), Benedek (1999) entre otros.

La familia es de una importancia vital para el sano desarrollo de los seres humanos. Sin embargo, en algunas circunstancias, la separación puede ser una medida necesaria cuando la relación de la pareja se ha vuelto muy conflictiva, tiene repercusiones graves sobre los hijos y se han agotado todas las vías para resolver la situación (Pérez, M. Riquelme, 2005).

La disolución legal del vínculo marital es una práctica ampliamente generalizada en el contexto internacional, lo que posibilita que en la mayoría de los países exista el divorcio, aunque con variaciones significativas en los procedimientos para obtenerlo y en las causales que lo justifican (González Fagoaga, 2008). El divorcio fue creado como remedio social contra un matrimonio infeliz, pero en estos últimos años se ha visto que la pareja y gran parte de los hijos de cualquier edad tienden a considerar el divorcio como una experiencia extraordinariamente traumática (Pérez, M. Riquelme, 2005). No hay que minimizar el modo en que será interpretado por el menor, y como influenciara el desarrollo de esta situación toda toma de decisiones que podría devenirle.

Los niños pueden creer que son la causa del conflicto entre sus padres, muchos niños tratan de hacerse responsables de reconciliar a sus padres y muchas veces se sacrifican a sí mismos en el proceso (Benedek, 1999). La pérdida traumática de uno o de ambos padres debido al divorcio puede hacerlos vulnerables a enfermedades físicas y mentales, los padres deben percatarse de las señales de estrés persistentes en sus hijos. Estas señales pueden incluir la falta de interés en la escuela, por los amigos o aún al entretenerse; otros indicios son el dormir muy poco o demasiado y el ser rebeldes y argumentativos con los familiares (Weitzman M, 1998).

La ruptura de la pareja es una de las experiencias más traumáticas y amargas que pueden sufrir los seres humanos(Rojas, 1994). Los actuales valores culturales, que tanto persiguen la calidad de vida y la búsqueda de la felicidad, contribuyen al elevado índice de rupturas de parejas que existe hoy en los países industrializados de occidente (González Fagoaga, 2008).

En su investigación de “El hijo de padres separados”, Riquelme (2005) menciona tres periodos en la separación o divorcio. El período inmediato a la separación se conoce como la etapa aguda y se caracteriza por la agitación máxima y dura unos dos años. Después, la familia entra en una segunda fase de transición caracterizada por cambios más controlados. La tercera y última fase es la pos-divorcio, a la que se llega cuando cesan los principales movimientos familiares de reestructuración y, a veces, después de un nuevo matrimonio (Pérez Riquelme, 2005)

Discusión

Es importante que los padres no coloquen al hijo en una posición de tomar partido cuando los dos adultos más importantes para él tienen criterios tan distintos. Deben ser concretos respecto al futuro de los hijos: el sitio en que vivirán, quién los cuidará, el lugar dónde vivirá el padre no-custodio y la frecuencia de las visitas a sus hijos. Si el niño no quiere hacer la visita es mejor no hacerle sentir culpable, aceptarlo y negociar un próximo encuentro (Pérez Riquelme, 2005). Los padres deben instar a los hijos a que les hagan preguntas y desahoguen sus sentimientos. Conservar a cualquier precio los momentos para estar solo y otros para estar solo con el niño. La separación es un gran choque en la vida del niño. La recomposición familiar rápida es un doble choque cuando el niño no está preparado, es necesario que tenga su ritmo de adaptación.

 Referencias Bibliográficas

  •  Pérez, M. Riquelme, (2005).  Pediatría Integral. Ed. IX. España. Pp. 673-680.
  • Mora, G. (2004).  Familias monoparentales. Ed. XXI. Madrid, España. Pp. 189-96.
  • Ojeda, N. y González Fagoaga, E. (2008). Divorcio y separación conyugal en México en los albores del siglo XXI. Rev. México Social, Vol.70 No.1.
  • Giddens, A. (1998). Familia, matrimonio y vida privada. Ed. SA; Madrid. Pp. 189-227.
  • Rojas, Marcos L. (1994). La pareja rota. Ed. Espasa Calpe SA; Madrid.
  • Weitzman M, y Adair R. (1998). Divorcio e hijos: Niños en riesgo, problemas sociales y médicos. Ed. MacGraw-Hill, Inc. Mexico. Pp. 1451-64.

Convivencia e inteligencia emocional en niños y jóvenes en edad escolar

Por. Yadhira Flores Nevárez

El presente estudio bibliográfico tiene como principal objetivo,  reconocer el grado de convivencia e inteligencia emocional entre escolares, ya que, es un tema de actualidad de gran relevancia social debido, principalmente, a que la escuela es una de las instituciones, junto a la familia, en la que se forman los niños y adolescentes. Para abordar este tema será imprescindible conocer, entre otras cosas, qué grado de inteligencia emocional manejan los niños y jóvenes en la convivencia diaria en el aula entre sus pares. En este trabajo, se estudiará la relación entre variables tales como empatía, autocontrol e impulsividad, que forman parte del constructo denominado inteligencia emocional. Los resultados son alentadores, ya que permiten diseñar programas concretos de intervención en relación con la empatía hacia sus propios pares. Es un compendio de información bibliográfica acerca del surgimiento e importancia de la aplicación de programas focalizados a la identificación y enseñanza de la inteligencia emocional (IE) a nuestros niños y jóvenes, realizado como base de un anteproyecto de tesis para la obtención del grado de posgrado en terapia de pareja y familia.

La inteligencia es un tema por demás discutido y, sin embargo, al intentar definirlo, aún no hay parámetros de concordancia.[1] Si  concebimos a la inteligencia como el salir airoso en un medio complicado, resolviendo los problemas y sabiendo adaptarse a los problemas de la vida, nos podremos dar cuenta de que la mayoría de las veces se requiere algo más que el coeficiente intelectual para avanzar (Gardner, 1995).

Es decir, la inteligencia (proveniente del latín, intellegere, término compuesto de inter “entre” y legene “leer, escoger”, por lo que etimológicamente, inteligencia es “saber escoger” las mejores opciones para resolver una cuestión)[2] y la emoción (del latín emotio, que significa “movimiento o impulso” ; en psicología se define como aquel sentimiento o percepción de los elementos y relaciones de la realidad o la imaginación, que se expresa físicamente mediante alguna función fisiológica como reacciones faciales o pulso cardiaco e incluye, reacciones de conducta como la agresividad, el llanto)[3] son tan antiguas como la ciencia misma y existen múltiples estudios al respecto.

Sin embargo, el término inteligencia emocional, no ha sido estudiado ni discutido como estos conceptos de manera aislada. Este tiene sus antecedentes en el proyecto Spectrum de Howard Gardner, quien es el creador de las inteligencias múltiples, él fue el primero en criticar y reconocer que el repertorio de habilidades del ser humano va más allá de la palabra-número en que se enfocan los estudios tradicionales. Gardner sostiene que deberíamos pasar menor tiempo “evaluando” niños y más tiempo “ayudándolos” a identificar sus gracias y competencias naturales, para así cultivarlos.

Posteriormente, esta propuesta de Gardner es retomada por Goleman en su libro Inteligencia emocional,[4] donde gracias a él se populariza el término y que este llegara a las masas, el cual profundiza en el tema y lo aterriza en el léxico de la población como la capacidad de reconocer los sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. Goleman estima que la IE (inteligencia emocional) se puede organizar en torno a 5 capacidades: Conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación y gestionar las relaciones.

La importancia de la IE radica en aprender a administrar las emociones para que éstas trabajen a favor de la persona. La carencia de alfabetización en IE en las instituciones educativas de nuestro medio ha incidido en el comportamiento aislado, deprimido, indisciplinado, impulsivo y agresivo de los estudiantes y también en sus  aprendizajes pedagógicos. El bajo desarrollo de la IE acentúa el aislamiento, la ansiedad, la depresión, los problemas de atención o del pensamiento, la delincuencia y la agresividad.

Es por eso que se debe considerar de vital importancia, la necesidad de conocer la capacidad de adaptación, tolerancia a la frustración, toma de decisiones, autoconocimiento, en fin, todo lo que engloba la inteligencia emocional en sí, para que de esta manera, sea un punto de partida, para la aplicación de programas en instituciones educativas que promuevan  el autocontrol, la empatía y el arte de escuchar, resolver conflictos y colaborar con los demás. Pero se necesita en primera instancia conocer y detectar en qué nivel se encuentran nuestros estudiantes en materia de inteligencia emocional, para que, a partir de este constructo (inteligencia emocional) se llegue a la acción (aplicación de programas enfocados en el fortalecimiento en materia de inteligencia emocional).Si bien el fenómeno de instigación escolar, no es nada nuevo, si lo es el hecho del aumento de casos de depresión, suicidios, vandalismo, etc en el adulto joven (18-34 años). Personas incapacitadas para adaptarse a su entorno de manera eficaz, por la exposición repetitiva desde su infancia de conductas agresivas (físicas y psicológicas) y sin las herramientas emocionales para adaptarse a las mismas.

“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”.

Aristóteles, Ética a Nicomaco.

 Bibliografía

  • Entrevista con Howard Gardner en INTERNET, http://www.zona.mcye.gov.ar/Zonaeducativa/revista 18/reportaje.html.
  • Gardner H (1995).  Inteligencias múltiples. Barcelona: Paidós
  • Goleman D (1995). Inteligencia Emocional.  E.U.A:Vergara.
  • Wikipedia, Definición de emoción, http://es.wikipedia.org/wiki/emoción
  • Wikipedia, Definición de inteligencia, http://es.wikipedia.org/wiki/inteligencia
  • Papalia D,Wendkos S, Duskin R (2001). Psicologia del Desarrollo. Colombia: Mc Graw-Hill.

[1] Papalia D,Wendkos S, Duskin R. Psicologia del Desarrollo. P. 392.

[2] es.wikipedia.org/wiki/inteligencia

[3] es.wikipedia.org/wiki/emoción

[4] Goleman D. Inteligencia Emocional

Diferencias del duelo en los padres por el nacimiento de un hijo con discapacidad

Por. Lic. Psic. Yusahara E. Martínez Cabrera

El padre y la madre, afrontan de manera muy diferente la discapacidad de un hijo, cuando los padres reciben el diagnostico de que su hijo tiene una discapacidad se inicia un proceso de duelo, cuyo proceso se complica, pues supone independizar  su ensoñación de aquel hijo ideal para acercarse a la realidad del hijo con discapacidad. Este es un proceso largo pero necesario, el de “aceptar” al hijo.  Todos los padres reaccionan con una conmoción y tristeza profunda a la noticia de que su hijo tiene características físicas, emocionales o psicológicas diferentes a las del común de los niños, se resisten a afrontar la verdad; evitan mirar la situación real y distorsionan los hechos para que parezcan más aceptables. Paniagua, G. (2001)

Concepto de discapacidad

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2011), la discapacidad “es cualquier restricción o impedimento para la realización de una actividad, ocasionados por una deficiencia dentro del ámbito considerado normal para el ser humano”.

Tipos de discapacidad.

  • Discapacidades intelectuales: involucra un déficit en el rendimiento intelectual
  • Discapacidades auditivas, visuales y del lenguaje: incluye deficiencias visuales, auditivas o de fonación
  • Discapacidades neuro motoras: la capacidad física del sujeto
  • Alteraciones graves de la capacidad de relación y comunicación.

Padres ante el diagnostico de discapacidad de su hijo.

Los padres, después de sufrir el impacto del diagnóstico, asumen la postura de negar las diferencias y la discapacidad de su hijo. (Kasan y Marvin 1984).

Esa actitud se extiende hasta negar el diagnóstico o poner en duda el que le ha sido comunicado por la institución que ha estudiado al niño .La negación del problema genera razonamientos y “maniobras emocionales”, que conducen a los padres a la evasión de la gravedad del defecto, y sus implicaciones en el niño. Suele ocurrir que algunos demuestren un ambiente de normalidad, de ausencia de factores estresantes; mientras que otros esperan que sobrevenga una pronta e idealizada recuperación. (Sorrentino, 1990:16).

Puede suceder que la pareja quiera atribuirse, uno al otro, la responsabilidad o la paternidad del defecto; surge así un sentimiento de culpa, que lastra la unidad necesaria para enfrentar y superar el momento de crisis que atraviesan.  (Ibis, 1990)

La interrupción de la trayectoria laboral de la madre, la reducción de la esfera de las relaciones sociales, la desaparición del tiempo libre, la eliminación de las visitas a los amigos, constituyen frustraciones vitales, que pueden conducir al rechazo por el hijo (reacción involuntariamente inconsciente), que no necesariamente conduce al abandono de este. Soifer (1993)

Pasa a segundo plano la necesidad de mantener y cuidar su aspecto físico y de satisfacer otras necesidades familiares y personales. En ocasiones, se crea una situación cíclica porque la madre puede percatarse, con ayuda externa o sin ella, de su estado y una reacción la llevaría a atender los roles abandonados, lo que la lleva a autoevaluarse como “mala”, por no dedicarle todo el tiempo al hijo discapacitado, por lo que los vuelve a abandonar, ahora con mayor fuerza y mayores sentimientos de culpa. Toda esta situación va en detrimento de la madre, ya que con frecuencia es objeto de la “tiranía” de un hijo que ella misma ha modelado con actitudes sobreprotectoras extremas. (Kasan y Marvin 1984)

La crisis por el diagnostico de un hijo con discapacidad

El equilibrio de la familia queda generalmente descompensado, tanto el funcionamiento interno de la familia como sus relaciones con el mundo exterior, se altera.  En los padres ante el diagnostico de discapacidad de su hijo se dan una serie de sentimientos, que impiden comprender la situación y que muchas veces los paraliza.  Son una serie de reacciones naturales ante los aspectos negativos de la limitación, surgen como una defensa primitiva ante el sufrimiento psicológico, actúan como un anestésico, de efecto inmediato, aunque temporal, que da a la estructura psíquica tiempo para elaborar un sistema de defensa más adecuado. Es característico en este momento que los padres tengan una visión muy limitada de su situación. Están aturdidos y presentan dificultades para responder ante la persona y situaciones de la vida diaria. (Paniagua. 2001)

Esto incide en la manera como entienden las cosas que el equipo de profesionales que atienden a su hijo le dicen acerca de su diagnóstico y pronóstico. La información que en ocasiones se le intenta transmitir, es en palabras de los profesionales, “como sino las entendieran”, se produce un desfase entre el saber y la verdad: comprenden las palabras pero no escuchan la verdad, pues está implica un dolor intenso y en muchos casos es destructivo para la estabilidad emocional. . (Ibis. 2001).  Es igualmente importante hecho de que este proceso se da justo en el momento en que su hijo más los necesita a nivel de la aceptación, protección y apoyo. Como vemos el nacimiento del niño con discapacidad, produce una crisis que tiene varias fases la primera: es la fase de shock, la segunda es la fase de reacción y la última es la fase de la realidad, en la que se produce una adaptación al problema, puesto que los padres tienen que enfrentarse a la crianza del niño o niña con discapacidad.  Por otra parte, diversos autores (Ingalls, 1989; Cunningham y Davis, 1994; Jasso, 2001; Nuñez, 2003) comentan que “el hecho de identificar a un niño con características diferentes invalida la estructura familiar y provoca inseguridad y ansiedad, esto hace más difícil el que los padres sientan apego por el niño o la niña en el sentido de que éste los complete o valide”. Al oír el diagnóstico, algunos padres sienten un fuerte impulso protector. Otros continúan estando inciertos e inseguros sobre sus sentimientos durante meses.

Durante este tiempo, tratan de predecir cómo será el futuro con el niño, qué problemas surgirán y cómo se enfrentarán con ellos en el porvenir.  “Los padres de niños con características diferentes sufren una fuerte conmoción al recibir la noticia de la discapacidad de su hijo, rompe todas las expectativas y los sumerge en una inesperada sensación de desconcierto y preocupación que se va transformando en un sentimiento de impotencia y soledad”. Muntaner (1998).

La reacción por género

En la mayoría de estudios sobre el tema, se valora el impacto que tiene el nacimiento de un hijo discapacitado en el núcleo familiar o en la madre.  “Los padres en muchos casos son los que sufren mayor depresión”. (Kasan y Marvin 1984), debido quizás a la dificultad que tienen para expresar sus afectos, en este sentido, suelen presentar un acercamiento progresivo y gradual, en cambio las madres muestran periodos de euforia y crisis, presentando una mayor tendencia a la aflicción, a sentir sentimientos de culpa y a necesitar exteriorizar sus sentimientos, lo que les ayuda a evitar la depresión.

 Al interior de las aulas o espacios de rehabilitación, el padre brilla por su ausencia. Es común identificar que el mayor peso de la responsabilidad a este nivel es delegado y asumido por las madres, las mujeres. Son ellas, las que asumen  en ocasiones de manera estoica  el compromiso de “sacar adelante a sus hijos”, haciendo frente a cualquier adversidad, asumiendo cualquier costo, hasta el descuido y la renuncia hacia sí misma. Es común identificar a muchas madres que “dan la vida por sus hijos”, y esto en el sentido estricto de la palabra es permutar su vida por la de su hijo. (Kazán y Marvin 1984)

MADRE/PADRE (Cuidadora primaria) (cuidador secundario).

Las madres con hijos con discapacidad, la expresión o sentimiento de duelo se manifiestan ante la realidad de tener un hijo con deficiencia, hecho que repercute dolorosamente en ellas, ya que estas pierden la ilusión y la idea del hijo perfecto, sano y “normal”. En el duelo del padre aparecen con mayor intensidad sentimientos de rechazo, vergüenza, tristeza, etc. Todo lo cual a su vez disminuye la motivación y participación activa del padre en la aceptación y rehabilitación del niño. No exteriorizan sus sentimientos y no lloran, e incluso evitan cualquier mención o referencia de su “pérdida” y muchas veces se incorporan rápidamente a su vida corriente, siendo esta una forma aparentemente “normal” de afrontar la pérdida. Soifer (1993)

La interrupción de la trayectoria laboral de la madre, la reducción de la esfera de las relaciones sociales, la desaparición del tiempo libre, la eliminación de las visitas a los amigos, constituyen frustraciones vitales, que pueden conducir al rechazo por el hijo (reacción involuntariamente inconsciente), que no necesariamente conduce al abandono de este.  Se dedica por entero a cumplir su rol de “madre del hijo discapacitado” y olvida que tienen otros hijos (en los casos en que exista), un esposo que también sufre, etc. Evita sus obligaciones como padre de manera inconsciente muchas veces deja sola a su cónyuge. Cree que es ella quien tiene la obligación de velar por el bienestar del hijo que procreado.(Paniagua. 2001)

Se crea una situación cíclica porque la madre puede percatarse, con ayuda externa o sin ella, de su estado y una reacción la llevaría a atender los roles abandonados, lo que la lleva a autoevaluarse como “mala”, por no dedicarle todo el tiempo al hijo discapacitado, por lo que los vuelve a abandonar, ahora con mayor fuerza y mayores sentimientos de culpa.. (Giberti, E. 1999) 

Conclusión

De acuerdo a lo ya analizado, la figura paterna y materna afrontan de manera muy diferente la discapacidad de un hijo así con esto se muestra la negación del padre la cual prevalece por más tiempo y se acorta sensiblemente para la madre. El padre pasa por la negación la cual le ayuda a  conserva la esperanza de que pueda existir algún error en el diagnóstico con esto evita  mirar la situación real y distorsionan los hechos para que parezcan más aceptables, se comportan fríos calculadores y prácticos hacia la situación, dejando la mayor parte del tiempo a la madre sola con una ayuda no involutiva. Así entonces la figura materna se erige o edifica dentro de la familia que tiene un hijo con discapacidad como la figura predominantemente de mayor valor por afrontar con mayor entereza, asertividad, protección y amor a un hijo de tales características.

 Bibliografía

  • Discapacidad OMS 2011 http://www.who.int/topics/disabilities/es/
  • GIBERTI, E. 1999. “Escuela para Padres. Fascículo Nº 20. Página 12”. Bs. As. Argentina
  • Ingalls, R P (1989) retraso mental. La nueva perspectiva. México: el manual moderno
  • Jasso, G.L. (2001) El niño Down: mitos y realidades. México: El Manual Moderno.
  • Kazán, A. y Marvin, R (1984). Differences, difficulties and adaptation: stress and social networks in families with handicapped child. Family Relations, 33, 67-77.
  • Muntaner, JJ (1998) La sociedad ante el deficiente mental. Normalización, Integración Educación, Inserción Social y Laboral. Madrid: Narcea.
  • Mcgillicudy-Delsi, Vay Siegal, IE (1986), Efecct oy the atypical child on the family. In LA Bond y JM Joffe (Eds). Facilating Infant and Early Childhood Development. Press of New England, Hanover y London
  • Núñez, B. “El niño sordo y su familia”. Aportes desde la psicología clínica. Ed. Troquel Educación. 1991
  • Paniagua, G. 2001. “Desarrollo psicológico y educación”. Madrid. España.
  • Soifer, R. 1971. “Psicología del embarazo, parto y puerperio” Ediciones. Kargieman. 1973. 2° edición. Bs. As. Argentina
  • SorrentinO, A. M. (1990). Handicap y rehabilitación., Barcelona, Paidós

Maltrato infantil dentro de la familia

Por: Tomás Armando Llamas Uguez

La problemática del maltrato infantil ha sido objeto de atención para los profesionales de manera reciente desde que Kempe describiera en 1962 lo que llamó “síndrome del niño apaleado”, consistente en la descripción de las consecuencias del maltrato físico desde un punto de vista pediátrico, con el fin de buscar una solución al problema. Con este trabajo se “descubrieron los malos tratos infantiles”. Aunque si miramos más allá en el siglo XIX, concretamente en el año 1866, se conoció el caso de la niña Mary Ellen Wilson en Nueva York, quien a los nueve años de edad sufría continuos maltratos y abusos, donde era golpeada, herida con objetos punzantes, atada, además de sufrir desnutrición (Verhellen, 1994).

Lamentablemente, vivimos en un mundo donde la violencia ha existido y predominado desde tiempos remotos. A su vez, el maltrato infantil es algo que se viene dando desde hace mucho tiempo atrás (recordemos el caso de Mary), pero con el único detalle, que ha ido incrementado en su porcentaje.

Desafortunadamente no existe una definición única de maltrato infantil, ni una delimitación clara y precisa de sus expresiones. A pesar de esta dificultad para elaborar el concepto, su concepción depende de factores culturales, étnicos, religiosos, sociales, educativos, etc. Incluso encontramos que se acepta el castigo físico dentro de unos límites digamos “aceptables” como la edad del niño o niña y por supuesto, en ocasiones puntuales (Baumrind, 1994).

 Sin embargo, lo más aceptado como definición de maltrato es “cualquier daño físico o psicológico no accidental a un menor, ocasionado por sus padres o cuidadores, que ocurre como resultado de acciones físicas, sexuales o emocionales o de negligencia, omisión o comisión, que amenazan al desarrollo normal tanto físico como psicológico del infante” (Musitu y García 1994).

En los primeros momentos del desarrollo evolutivo se observan repercusiones negativas en las capacidades relacionales de apego y en la autoestima de las y losEl abuso de los padres a los hijos infantes. Así como pesadillas y problemas del sueño, cambios de hábitos de comida, pérdidas del control de esfínteres, deficiencias psicomotoras, trastornos psicosomáticos, etc. En infantes escolares y adolescentes encontramos: fugas del hogar, conductas autolesivas, hiperactividad o aislamiento, bajo rendimiento académico, deficiencias intelectuales, fracaso escolar, trastorno disociativo de identidad, delincuencia juvenil, consumo de drogas y alcohol, miedo generalizado, depresión, rechazo al propio cuerpo, culpa y vergüenza, agresividad, problemas de relación interpersonal, entre otras causas no menos importantes (Hernández, 2010).

Diversos estudios señalan que el maltrato, casi siempre, continúa de una generación a la siguiente. Así mismo, las estadísticas mundiales revelan que más del 60% de los niños que sufren maltrato pertenecen a la edad escolar y a pesar de ello sólo entre el 5% y el 15% de los casos denunciados provienen de maestros, profesores o docentes del sistema educativo en general (OPS, 2002). Por lo tanto, la preocupación por el maltrato infantil, transciende la intranquilidad local e interna y se ha convertido en los últimos años en una inquietud de nivel internacional.

A su vez, la ONU ha ubicado a México entre las naciones más violentas del mundo. Además de todo lo que esto implica en lo económico, político y social, su impacto más negativo lo tiene, sin duda alguna entre los niños y las niñas púberes y adolescentes que viven a diario distintas situaciones de violencia como pueden ser por la pobreza, la migración, el rechazo y por la ignorancia que tiene algunas personas adultas (OMS, 2010). Cuando la gente es muy pobre, tienden a maltratar a sus hijos, y esto se debe porque en algunos casos estas personas no recibieron educación alguna o una orientación de como formar a sus hijos lo que les hace creer que lo que hacen esta bien.

Datos ofrecidos estiman que en América Latina no menos de 6 millones de niños, niñas y adolescentes son objeto de agresiones severas y un promedio de 80 mil infantes mueren cada año por la violencia que se presenta al interior de la familia (UNICEF, 2006). Entonces, resulta fundamental concientizar a todas aquellas personas responsables del cuidado y la atención de los menores sobre los derechos de la niñez, y capacitar y brindar asesoría, principalmente a los padres, con el fin de lograr una actitud de respeto hacia la niñez.

Sin embargo, es también conocido que la capacidad de algunos individuos a sobreponerse con mayor facilidad al maltrato infantil y sus efectos, radica en su nivel de resiliencia. Entendiéndose éste concepto como “la capacidad que posee un individuo frente a las adversidades, para mantenerse en pie de lucha, con dosis de perseverancia, tenacidad, actitud positiva y acciones, que permiten avanzar en contra de la corriente y superarlas” (E. Chávez y E. Yturralde, 2006). Esta resiliencia está dada por la contención afectiva y los límites claros puestos a lo largo de la crianza desde la infancia, por lo que quienes cuentan con escasa resiliencia son más vulnerables a padecer estrés postraumático o disociación.

Tomando en cuenta que el desarrollo y la formación de las y los menores depende básicamente de la educación que reciben en casa, así como de la escolaridad formal y del trato que en general reciben en las diversas instancias donde ellos participan, y donde en su mayoría dependen de personas adultas, resulta fundamental adoptar planes, estrategias de acción y programas que incluyan objetivos y medidas para modificar pautas culturales y discriminatorias que justifican y reproducen estereotipos sociales los cuales a su vez, son origen y consecuencia de formas específicas de violencia contra niños, niñas y adolescentes (INMUJERES, 2007).

La prevención del maltrato infantil requiere un enfoque multisectorial. Los programas eficaces son los que prestan apoyo a los padres y les aportan conocimientos y técnicas positivas para criar a sus hijos, que a su vez, son eficaces para reforzar los factores de protección frente al abuso sexual en la infancia. Y cuanto antes se producen estas intervenciones en la vida del infante, mayores son los beneficios que le pueden aportar a él y a la sociedad.

El maltrato infantil es un drama que día a día viven las y los infantes, motivo que no les permite crecer de manera sana y equilibrada como deben hacerlo; contrariamente crecen llenos de temores, cuando en su niñez lo que es primordial es su salud mental y emocional. Todas las personas que maltratan deben razonar y buscar una mejor manera de educar a sus hijos, y si no se sienten capaces de poder hacerlo deberían buscar orientación profesional, porque de este modo se podrá prevenir y erradicar el maltrato infantil (De la Cruz, 2010).

Como ya se menciono, el maltrato infantil es un problema mundial con graves consecuencias que pueden durar toda la vida. Sin embargo, no hay estimaciones fiables de la prevalencia mundial del maltrato infantil, pues no hay datos acerca de la situación existente en muchos países, especialmente los de ingresos bajos y medianos.

Cualquiera de las expresiones de maltrato en contra de los menores, trastorna su desarrollo integral y afecta de manera significativa su rendimiento y funcionamiento en todas las actividades que desempeñan, situaciones que comúnmente prevalecen en la edad adulta y los expone a un mayor riesgo de enfrentar desórdenes psiquiátricos, suicidios o consumo de drogas, entre otros factores que actúan en detrimento de su salud física y mental. Al respecto, se ha insistido en que las actitudes violentas manifestadas en la edad adulta se originan en el seno familiar, por lo general durante los primeros años de vida.

Por lo tanto, los efectos del maltrato sobre el infante dependen de muchos factores: la edad al inicio u ocurrencia de la(s) experiencia(s) violenta(s), el sexo de la víctima, su relación con el(la) agresor(a), la cronicidad de la violencia, etc.

Es importante entender que nadie, independientemente de la edad, merece vivir con miedo, amenazado, lastimado o insultado dentro de su propia familia o grupo social. Asimismo, no existe ninguna razón que justifique el maltrato hacia un niño o niña.

Bibliografía:

FAMILIAS Y NIÑOS CON PÉRDIDA AUDITIVA

Por. Kenya Denisse León Lieras

Los padres cuando ven y cargan en brazos por primera vez a su hijo, se llenan de emoción y esperanza, pero, ¿qué pasa con esos padres cuando les confirman un la pérdida de audición en su hijo? Todo tipo de preguntas pasa por la mente de esos padres: ¿En verdad tiene mi hijo una pérdida de audición? ¿Desaparecerá, mejorará? ¿Por qué mi hijo no oye? ¿Soy culpable? ¿Cómo podremos costear su tratamiento? ¿Cómo afectará su pérdida de audición en su vida? ¿Cómo podré comunicarme con mi hijo? En el momento que la familia recibe la noticia del miembro con pérdida de audición, pasan por un proceso de duelo por el cual deben lidiar cada uno de los integrantes de la familia; es un recorrido individual y todo el mundo responde de manera diferente y por intervalos diferentes. Dentro de las reacciones de la familia al diagnóstico, se dan las siguientes (LUTERMAN & ROSS, 1985):

  1. Choque emocional;
  2. Reconocimiento (aflicción activa);
  3. Negación (retirada defensiva);
  4. Admisión o negación;
  5. Acción constructiva o adaptación

El niño con pérdida auditiva, altera el equilibrio familiar por el resto del ciclo vital familiar. El niño sordo plantea muchos problemas a la estructura familiar veamos:

La vida conyugal de los padres:

La madre es quien asume el manejo del niño y se siente constantemente angustiada por la agobiante responsabilidad de la toma de decisiones en todo lo relacionado al niño sordo, sin el apoyo de un esposo bien informado o comprometido, quien, automáticamente asume un papel pasivo-evasivo en el manejo del niño, siendo sumamente difícil para el, delegar la toma de decisiones en su esposa, sintiéndose menos competente que ella.

Los padres como personas:

Se comete el error de que los profesionales de la salud (y hasta de los mismos padres) no reconocer las necesidades individuales de los padres para su desarrollo personal. Los padres tienden a volverse unidimensionales, es decir, solo piensan y viven en términos del déficit del niño, lo cual puede provocar una enorme cantidad de resentimiento y culpa por sentir enojo hacia su hijo y su sordera.

El niño con pérdida auditiva:

El niño sordo puede sentir que nunca satisface realmente a su madre o/y padre, y quizá nunca se sienta digno de recibir el tiempo y las cosas materiales que se le están dando; ocasionándole problemas emocionales en la adolescencia y su adultez, debido a los sentimientos de culpa que carga y una reducida autoestima.

Relación entre los padres y el niño sordo:

La sordera puede llevar a que se de un bloqueo de la comunicación con el hijo, haciendo que las relaciones entre éstos, se vivan tensas y metódicas; esto, debido a la ansiedad de los padres por tener que explicarles y enseñarles los objetos y la vida por medio de un sistema de lenguaje en proceso de aprendizaje[1] para ellos.

Relación entre los padres y los abuelos

Sucede que a los abuelos, les resulta más difícil manejar el dolor de tener un nieto discapacitado en audición y a la vez, saber que su propio hijo está sufriendo. Si la madre y el padre buscan el apoyo de sus propios padres, frecuentemente no lo obtienen, puesto que son ellos mismos los que tienen que actuar como padres de sus propios padres, proporcionándoles la información y el apoyo emocional. Los padres jóvenes con frecuencia resienten profundamente esta inversión de papeles por lo mucho que necesitarían ser consolados por sus padres, sin lograrlo.

El hermano:

Con mucha frecuencia, el hermano obtiene proporcionalmente menos tiempo y energía de sus padres, por lo que no es raro que busque formas  de llamar la atención de sus padres. El hermano es agobiado por tener que asumir responsabilidades para el cuidado de su hermano (por ejemplo, actuar de niñera mientras los padres van al médico). Así mismo, el hermano puede percibir y responder a la preocupación de los padres y no quiere ser visto con, o cuidar al niño sordo en público [2] porque pueden llegar a ser identificados como “el hermano del niño sordo”, lo cual les puede resultar bastante doloroso.

Recomendaciones.

Es importante ser receptivo con respecto a la pérdida de audición. Promueva la educación sobre la pérdida auditiva en su familia y en su comunidad, esto conducirá a la aceptación. En la pareja el dialogo abierto es lo mejor, están caminando juntos en este reto, donde es necesario una reestructuración conyugal y familiar, no deje de lado a su pareja por ocuparse de su hijo. A los abuelos ayúdeles a entender que la mejor forma de ayudar es manteniéndose conectados con el niño; asegúrese de mantener claras las expectativas papas-abuelos, de esta manera ellos no sentirán que lo están defraudando y que están fallando en cumplir sus expectativas. Debe asegurarse de escuchar a cada uno de sus hijos y de buscar apoyo si siente que es necesario; permita que vaya(n) y participe(n) con el audiólogo, la sala de terapia, etc.[3] Todos los niños necesitan tres tipos de recursos internos para lograr convertirse en personas autosuficientes:

  1. sentirse bien de sí mismos y de otros,
  2. comprensión del bien y el mal y
  3. una fuente de alternativas para resolver problemas

Estrategias para mejorar la relación padre-hijo y para criar niños que serán adultos autosuficientes y responsables:

  1. Manifieste expresiones de amor.
  2. Sea predecible: Las rutinas y los horarios proporcionan estabilidad y seguridad en el niño.
  3. Comuníquese claramente: Asegúrese de que sus palabras, el tono de la voz y las expresiones faciales coincidan, respetando su necesidad de atención dividida[4].
  4. Observe y comprenda los comportamientos problemáticos en su hijo: ¿Está él/ella teniendo problemas para expresarse o está proyectando su energía negativa en una forma física?
  5. Reconozca a su hijo cuando se porte “Bien”.
  6. Adecue su entorno para que el niño pueda explorar, defina al niño las reglas y los límites
  7. Establezca límites razonables.
  8. Prevenga los berrinches. Anticipe este tipo de situaciones y ayude a sus hijos a evitar una crisis señalando alternativas para solucionar el problema.
  9. Enseñe buenas técnicas para resolver problemas: Defina claramente los comportamientos que son inaceptables y el por qué son inaceptables; luego preséntele (niños pequeños) o pregúntele (niños mayores) sugerencias positivas de que debe hacer la próxima vez.
  10. Busque ayuda profesional cuando sea necesario. Si los problemas de conducta persisten, la ayuda profesional es un excelente recurso que puede proporcionar apoyo y un plan de acción constructivo.
  11. Sea paciente con su hijo y consigo mismo. Recuerde que su niño está en un proceso de aprendizaje llamado “infancia”, su consistencia, paciencia y amor va a proporcionarle a su hijo el apoyo necesario para convertirse en un adulto maduro e independiente.

REFERENCIA BIBLIOGRAFICA.


[1]Se utilizan: lenguaje de señas mexicano (LSM), lectura de labios y lenguaje oral ya sea mixto o como único lenguaje.

[2]La actitud de sentirse apenado parece ser más evidente en el caso de los hermanos adolescentes.

[3] Esta es una práctica aceptada por muchos profesionales si solicita permiso previo a la cita

[4] El sordo tiene toda su atención en lo visual: se debe señalar el objeto, esperar que mire ese objeto y regrese la vista al rostro del que le habla y dar la instrucción deseada de ese objeto. El sordo no puede recibir instrucciones mientras mira el objeto porque no “escuchara”.