Características de las familias adoptivas que se adaptan satisfactoriamente

Por: Isis Penélope López Cortes

Resumen:

Mediante investigación documental se describe las características de familias que logran una adaptación satisfactoria en situación de adopción de menores. Con el propósito de facilitar la información al público interesado, se encontró que la adopción tiene grandes posibilidades de tener éxito, siempre que cuenten con la preparación previa para recibir al menor, y que revisen si tienen o se formen en características que tienen en común las familias exitosas, señaladas por investigaciones y la adaptación no depende del todo de las características del niño.

Introducción:

 Tener hijos implica la responsabilidad de cubrir sus necesidades tanto físicas como emocionales, educarlos, enseñarles valores, normas, de manera que puedan adaptarse a la sociedad (Labajo, 2008). Los niños adoptados y sus nuevas familias, tienen un reto extra, relacionado con su historia previa.

Describiendo factores que influyen en la adaptación exitosa del menor a la familia y viceversa se podrá comprender mejor lo que los investigadores han observado que le es de utilidad a una familia para tener mejor pronóstico en su adopción. Este trabajo, es de utilidad para las familias que enfrentan o que planean adoptar, para una mejor adaptación  a esta nueva situación de vida.

En nuestro estado existen instituciones en las que se realizan trámites de adopción, sin embargo, DIF nacional reporta que el 38% de las entidades no cuenta con servicio post adopción, por lo tanto, al  toparse en  la práctica psicológica,  con familias en búsqueda de este tipo de apoyo, se revela la necesidad de investigar y formar profesionistas en esta área, por parte de la Universidad Mundial la cual está comprometida con los más necesitados y desprotegidos de nuestra sociedad (DIF, 2007).

En el presente trabajo se  describe brevemente el significado de adopción, las situaciones que se pueden presentar ante la adopción, factores que pueden poner en riesgo la adaptación y características comunes  de las familias que encuentran mayor  satisfacción al adoptar.

Haciendo uso del acceso a internet, en una computadora se revisaran páginas de publicación científica, relacionados con el tema. Mediante el análisis de la información se seleccionara la más adecuada para cumplir con los objetivos del presente trabajo.

Metodología: investigación documental, de familias en la etapa posterior a la adopción legal, específicamente  niños adoptados después de los 8 meses de edad y menores de 12.

La adopción y sus implicaciones:

La palabra adopción, proviene del latín adoptatio, que significa elegir a un defensor, prohijamiento; y del griego adozos: despreciado y adoptare: aceptado (Jaimes, 2011); esto quiere decir que alguien toma, lo que otro deja y se lo  apropia con el fin de defenderlo. La adopción entendida como un medio de proteger a los niños en situación de casa cuna o casa hogar, para brindarles la oportunidad de satisfacer su derecho a desarrollarse en una familia, del mismo modo para la familia tener la oportunidad de cuidar y educar a un menor.

 Educar a un niño en situación de adopción, implica también, hacerse cargo de la historia que trae consigo y que seguramente no es una historia  agradable. La adopción puede servir para sanar sus heridas, se convierte en una oportunidad vida (Gómez, 2009). Para mejorar el pronóstico de la adopción es necesario conocer tanto factores de riesgo, como de protección (Berástegui, 2007; Mundaca, 2000).

Particularmente los infantes adoptados después de los 8 meses, presentan mayores riesgos en relación al apego, esto dificulta que establezcan vínculos adecuados con sus cuidadores, siendo un reto extra para los padres adoptivos (Mundaca, 2000). El mundo que conocen estos niños, las cosas y las personas son inestables, digamos que tienden a desaparecer; los niños por supuesto responden ante esta situación de diferentes maneras (Jaimes, 2011).

Mostrando conductas de hiperactividad, problemas de atención, conductas desafiantes, mentiras, agresividad (verbal y/o física), rabietas, robo, escaparse de casa, retrasos en  su desarrollo, o los opuestos, conductas de retraimiento, etc. Una variedad de conductas con las que ningún padre se quisiera topar, y por supuesto que no son exclusivas de los niños adoptados (Palacios, 2007).

La adopción no es una patología, es un intento  por proteger y garantizar el derecho de los niños a crecer en un hogar y formar parte de una  familia (Femenía, 2010; Jaimes, 2011).

La comprensión del proceso de adaptación ante esta situación, es mejor asimilado, cuando  se contempla todas sus  partes en interacción, no es solamente el niño con la carga genética e histórica que trae, también tiene mucho que ver las características de la familia y el entorno en el que se desenvuelve (Berástegui, 2007). Características de la familia, como la razón para adoptar, la salud de la pareja, los estilos de crianza y el manejo de límites, también tienen mucho que ver en el éxito de la adopción (Jaimes, 2011). Linda Katz (1992, citado en Mundaca, 2000)  dice que a pesar de las dificultades de salud, desarrollo, de conducta, apego, etc., la mayoría de las familias que tienen éxito, es debido a las características de estas, y no del niño exclusivamente.

 Factores que influyen en la adaptación de la familia en adopción

 Brodzinsky y Ramsay, (1985, citado en Mundaca, 2000) proponen factores que pueden influir en la adaptación de la familia, específicamente en el desarrollo de un vínculo:

–  Duelo: cuando la pareja no ha sanado respecto a la esterilidad, el hijo que no pudieron engendrar. Y el niño respecto a la pérdida de su familia biológica (Mundaca, 2000).

–  Durante la adopción legal: pueden experimentar ansiedad e incertidumbre. Depositar y exigir expectativas: de la personalidad del niño, de la conducta y de la reciprocidad de afectos (Mundaca, 2000).

–  Las valoraciones psicosociales durante la adopción legal: pueden generar ansiedad e inseguridades de ser idóneo o no, de tener o no capacidades para cuidar del menor (Mundaca, 2000).

–  Carecer de modelos: al ser hijos biológicos no cuentan con modelos de parentalidad adoptiva (Mundaca, 2000).

–  Pocas o nulas redes de apoyo familiares, sociales (Mundaca, 2000).

–  Tiempo de convivencia del menor con su familia biológica o de institucionalización Mundaca, 2000).

–  Errores de atribución: el es así, porque es adoptado (Mundaca, 2000).

–  Estilo de crianza autoritaria  o permisiva (Mundaca, 2000).

De Angelis, (2000, citado en MUNDACA, 2000) en investigaciones con niños adoptados encontró que las madres que respondían de forma acogedora incluso al rechazo cumplían una función terapéutica para el niño quien respondía de manera favorable. Característica que fue observada en otras  investigaciones las cuales había mayor éxito en la disminución de conductas disruptivas.

Existe evidencia de que la adopción tiene resultados favorables en el desarrollo de estos niños, incluso en comparación con niños criados por sus padres biológicos, pero que tienen afectos ambivalentes o de rechazo ante estos. Investigaciones realizadas en España indican que las posibilidades de satisfacción familiar que se puede alcanzar son mayores a 80% en estudios realizados a familias con adolescentes adoptados (Fernández, 2012). Del mismo modo, la familia también tiene una buena oportunidad de tener un buen funcionamiento tomando las medidas adecuadas (Gómez, 2009).

 Características de las familias exitosas:

Lograr la adaptación tras la adopción, quiere decir, que la familia alcanza un nivel de funcionamiento satisfactorio, sin significar esto que las crisis han terminado, puesto que la vida es continuo de cambios, que conllevan a la crisis (Berástegui, 2007).

Las investigaciones describen características de los padres adoptivos que tienen mayores probabilidades de éxito con su familia:

–  Prepararse para la paternidad adoptiva, en grupos y/o en pareja para la llegada del menor (Jaimes, 2011), entender cuando y como se pueden presentar situaciones, normales en adopción.

–  Tolerancia a los sentimientos ambivalentes en relación al menor. El no juzgarse tan duramente puesto que las conductas de rebelión o rechazo que se pueden presentar pueden ser difíciles pero esperables en esta situación (Mundaca, 2000).

–  Retardan la necesidad de ser correspondidos afectivamente. El niño expresa su temor a la situación en base a su experiencia, no es rechazo directo a su persona. Poder separar el deseo de tener hijos, del deseo de criarlos (Femenía, 2010). Cuando los padres renunciaban a su expectativa de ser correspondidos con afecto, pueden verse como padres de profesión y dar la oportunidad de desarrollarse lo más sano e independiente posible.

–  Reconocer y encontrar felicidad en pequeñas mejorías (Mundaca, 2000).

–  Flexibilidad en el  estilo de crianza de estilo democrática, y los roles, los cuales son compartidos (Mundaca, 2000).

–  Visión sistémica de la familia: visión total de la familia, cada integrante es importante e influye en el funcionamiento de esta, si algo anda mal, es responsabilidad de todos (Mundaca, 2000).

–  Apropiarse, validar y reconocer su rol como padres. Sobre todo el uno al otro como padre y madre, esto le permite al niño identificarse conforme necesita en su desarrollo (Femenía, 2010).

–  Postura proactiva en el cuidado y control del menor (Mundaca, 2000).

–  Humor y auto cuidado. Mantener su capacidad de disfrute, dándose tiempo de descanso personal y conyugal (Mundaca, 2000).

–  Contar con redes de apoyo de familiar en caso de requerir apoyo con el o los menores (Mundaca, 2000).

–  Momentos de interacción positiva, satisfactoria Aprovechar y promover  momentos emotivos para estrechar lazos (Mundaca, 2000).

–  Rituales o ceremonias de bienvenida, de pertenencia. Esto manifiesta la permeabilidad en la familia, el menor puede experimentar abiertamente la recepción afectiva que le proporciona la familia extensa y amigos de la familia (Mundaca, 2000).

–  Actitud positiva y comunicación abierta respecto a la adopción. La adopción está lejos de ser una patología, es más bien una oportunidad de una vida mejor. La connotación que se le da influye directamente en la postura que tomara tanto la familia como el menor (Mundaca, 2000).

 Rushton (2003, citados en Palacios, 2007), Lenerz, Gibbs y Barth (2006, citados en Palacios, 2007) Afirman que la adopción es un proceso que dura toda la vida, por lo tanto las necesidades de todo el sistema van cambiando conforme se van desarrollando sus integrantes y el conjunto.

En el mejor de los casos, la apertura de la familia adoptante puede permitir al menor integrar a su identidad e historia de vida, incluyendo a su familia biológica desde una connotación positiva (Labajo, 2008),con su apertura y comunicación, reestructurando en su mente o verbalmente su historia, el individuo adoptado puede  sanar los vínculos lastimados que tiene para que pueda integrar su identidad y su historia, junto con su nueva familia (Femenía, 2010), respetando sus diferencias con aceptación (Labajo, 2008).

Conclusión:

La adaptación a una adopción en la familia, implica las características y disposiciones de todos los integrantes, más allá de depender del la historia o la genética que traiga el menor, existe basta evidencia de los beneficios que esta oportunidad puede traer en consecuencia y hay características observadas en común en las familias satisfechas al adoptar.

Realizar programas de formación y difusión de estos conocimientos puede ser en beneficio de la niñez situación de  casa cuna o hogar.

  “La adopción es una historia de vínculos que se rompen. Vínculos que intentan mantenerse. Vínculos que se construyen. Los que se rompen deben ser elaborados, los que se construyen acompañados. Nuestro trabajo comienza con un abandono y con el deseo del encuentro. Pero no termina cuando estos se concretan”.Cristian de Renzi (1997, citado en Femenía, 2010).

 Referencias bibliográficas:

  1. Femenía, Alicia y Muñoz, Mayte(2010). Cuadernos de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente: El abordaje terapéutico con familias adoptantes: nuevas formas de parentalidad. Edit. Sociedad Española de Psiquiatría y psicoterapia del Niño y del Adolescente. No 50 2º semestre. España. Pp. 5 – 22. ISSN: 1575-5967
  2. Labajo, Gabriel y Bueno, Natividad (2008). Guía didáctica en materia de adopción para educación infantil y primaria. ARFACYL. Castilla España.
  3. Gómez,Blanca yBerástegui, Ana (2009). El derecho del niño a vivir en familia. Instituto Universitario de la Familia en la Universidad Pontificia. Vol. 67, núm. 130. Madrid. pp. 175-198.  ISSN 0210-9522
  4. Berástegui, Ana (2007). La adaptación familiar en adopción internacional: un proceso de estrés y afrontamiento. Instituto Universitario de la Familia, Universidad Pontificia. Anuario de Psicología, vol. 38, nº 2. Facultad de Psicología. Universidad de Barcelona. Pp. 209-224.  ISSN 0066-5126
  5. Mundaca, Mario, et.al (2000). Factores que Influyen en el apego y la adaptación de los niños adoptados.Revista de Psicología, vol. IX, núm. 1. Universidad de Chile. ISSN: 0716-8039
  6. Palacios Jesús (2007). Después de la adopción: necesidades y niveles de apoyo. Universidad de Sevilla. Anuario de Psicología vol. 38, nº 2. Barcelona, Pp. 181-198.  ISSN 0066-5126
  7. Jaimes, Beatriz y Martínez, María Del Consuelo (2011). Funcionamiento familiar en una muestra de padres adoptivos: Seguimiento post-adopción.Revista Psicología Científica 13(5). México  http://www.psicologiacientifica.com/padres-adoptivos-seguimiento. ISSN: 2322-8644.
  8. DIF Nacional (2007). Sistema Nacional para el desarrollo integral de la familia.. Diagnóstico de la adopción en México. DIF Nacional: México.
  9. Fernández, Milagros; Fuentes, Ma. Jesús; Fernández, Pablo (2012). Predictores de la satisfacción parental en familias con hijos adolescentes adoptados. Revista Mexicana de Psicología, vol. 29, núm. 1. Sociedad Mexicana de Psicología A.C. México.  pp. 49-56. ISSN: 0185-6073
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Maltrato y violencia familiar en los niños(as)

Por: María Guadalupe Santana Flores

Resumen:

El ensayo  aborda el tema del maltrato infantil en el ámbito familiar, analizando el trabajo de algunos autores con orientación psicoanalítica. La importancia de este tema, radica en la trascendencia, ya que actualmente ha pasado a ser un problema de salud pública en el que varias posturas coinciden en la investigación  y la creación de herramientas tanto preventivas como de análisis de los casos reportados. Resulta importante, unificar modelos de intervención y los aspectos clínicos, psicosociales y judiciales que condicionan la utilización de diferentes criterios en la conceptualización del maltrato infantil.

 Introducción.                                                                                                   Si bien es cierto que la violencia familiar no es un fenómeno nuevo, ya que se ha presentado desde tiempos remotos, y solo a partir de
l siglo pasado se convierte en un problema generalizado, llegando a ser considerado como una problemática de salud pública, claro está, siendo más patente en algunos países como el nuestro. Por ello el fenómeno de la violencia familiar solo empezó a estudiarse como tal, a mediados del siglo XX por diversas disciplinas como la pediatría, la psicología, la psiquiatría, entre otras. Lo que es nuevo es la conciencia que se tiene del tema, además de posibilitar la reflexión y buscar alternativas al problema. Debido a la influencia del reconocimiento de la personalidad del niño y de los derechos que le son propios. La repercusión de esta violencia, en el desarrollo del niño ha sido estudiada estos últimos años: se han difundido ciertos disturbios específicos, tanto más graves mientras más pequeño es el niño, y esté bajo la total dependencia de sus padres. Estos estudios, además, han demostrado la repercusión a largo plazo de las experiencias infantiles procesos en la medida en que, una vez vueltos adultos, estos jóvenes van a reproducir muy probablemente los mismos comportamientos de violencia, en relación con sus propios hijos. De ahí la importancia que tiene la prevención, para desarmar este círculo vicioso.

Para  el desarrollo del ensayo se realizará,  investigación bibliográfica de diversos autores, que han abordado el tema, desde la perspectiva psicoanalítica y social, analizando  lecturas y desarrollando  aportaciones en relación al mismo.

Las consecuencias de la violencia familiar en el desarrollo del niño son múltiples, pero algunos rasgos de comportamiento parecen más específicamente vinculados a la experiencia, la violencia de los abusos y su repetición (Azaola, 1993).

 Además de los daños somáticos graves que puede provocar un traumatismo físico violento, el niño reacciona a la violencia repetitiva con un estado de insensibilidad, desamparo y apatía, se torna insensible a los cuidados que le prodigan en lo inmediato. Algunos niños están más expuestos que otros a los maltratos. Las situaciones particulares los designan como niños “blancos”, víctimas  electivas de violencia, mientras que a los demás hermanos en ocasiones ni se les toca. Esta noción clásica es, de hecho, discutible, pues los maltratos que tienen que ver con el resto de la familia, pueden estar ocultos. Un niño/a puede estar más expuesto, si nació de una primera unión y no es aceptado/a por el  nuevo consorte, o si su nacimiento, ha venido a romper el equilibrio frágil, y pone a la familia en dificultades. Los motivos son a veces menos evidentes: el sexo, la apariencia física del niño, su voracidad o su apatía pueden provocar de entrada un rechazo por parte de padres inmaduros (Dolto, 1987).   El niño/a está en una posición de gran vulnerabilidad, si nace prematuramente, con impedimentos o si ha sido precozmente separado de sus padres. En el caso del niño/a con capacidades diferentes, se les mantiene en el hogar y la posible intolerancia de los padres no es detectada, los impedimentos del niño/a pueden ser negados o ignorados, y entonces, es maltratado como si sus dificultades fueran la prueba de su mala voluntad, o puede ser sometido a manipulaciones absurdas con miras reeducativas. El niño/a protegido por uno de los padres puede ser maltratado por aquel que se siente excluido. En las investigaciones con gemelos (Lebovici S., 1995), aunque actualmente la mayoría de los padres están informados con anterioridad, la llegada de dos niños, puede provocar el rechazo de uno de ellos. La diferencia de aspecto o de sexo y la separación de uno de los bebes en un centro de cuidados, inducen a una separación entre el niño bueno y el enfermo. Por razones propias de la historia de los padres el niño/a que es rechazado, no es siempre ni el más frágil, ni el menos gratificante.

Los padres que maltratan.

Los padres que pasan al acto de manera agresiva hacia un niño pueden tener estructuras psicopatológicas muy diversas. Tienen comportamientos obsesivos y fóbicos que los relacionan con estados límite o las neurosis de carácter. En los casos de negligencia grave, se señala muchas veces el estado depresivo severo, en los padres y/o manifestaciones fóbicas en relación con el niño/a. En ocasiones es difícil para que, el que interviene tenga una idea precisa de los disturbios, que presentan los padres (Lebovici, 1995). Sin embargo, el conocimiento profundo del funcionamiento psicológico de los padres, es una fase indispensable antes de cualquier atención; esto permite apreciar sus posibilidades de movilización de las cuales depende la seguridad del niño. La atención a este problema debe ser obviamente multidisciplinaria, a fin de llegar a una visión relativamente objetiva de la situación. El conocimiento de la historia de los padres, de su infancia, de su vida de pareja y la observación de las interacciones con sus hijos, pueden hacer que se aprecie el significado de los maltratos y determinar la ayuda que es posible proponer (Lebovici, 1995).

En muchos casos, por el bien del niño habrá que ayudar a los padres más que castigarlos,  obtener su confianza y  su cooperación en las medidas consideradas para iniciar un tratamiento. Por lo tanto, hay que excluir toda agresividad hacia ellos y tratar de analizar sus antecedentes, su personalidad y la del niño, así como las interacciones recíprocas.

El abordaje y enfrentamiento de situaciones de maltrato, no sólo demanda formación técnica y profesional de quienes  intervienen en este tipo de conflictivas, sino también una actitud y formación ética, compatible con la problemática que se está abordando. En este sentido, el trabajo con niños/as que son víctimas de agresiones, requiere de un marco o contexto básico, en donde las estrategias específicas de acción se integren y adquieran sentido.

Uno de los elementos importantes, a desarrollar en la sociedad para analizar el tema, sería flexibilizarse, sensibilizarse y aceptar que todos somos iguales y que, por lo tanto, cada persona, sea niño, joven, mujer, adulto o anciano, merece la igualdad de espacios para desarrollarse, el respeto a sus derechos más elementales, una libertad plena para pensar diferente y un trato digno y sin violencia.

Referencias Bibliográficas

  1. Azaola, Elena (2005). Violencia Intrafamiliar y Maltrato Infantil. Comisión Nacional de Derechos Humanos.
  2. Dolto, Fracoise (2000). Dolto para Padres. España: Plaza & Janés.
  3. Gerber, Daniel et. al. (2011). Desafíos en la Clínica Psicoanalítica Actual. México. Circulo Psicoanalítico Mexicano
  4. Lacan, Jackes (1987). La familia. Buenos Aires: Argonauta.
  5. Lebovici, Serge (2005). Diagnósticos en la Infancia. Buenos Aires: Ediciones Novedades Educativas.
  6. Secades, Yolanda (2002). Violencia Familiar. México: Programa Mujer y Salud Secretaría de Salud.

Maltrato infantil dentro de la familia

Por. Lic. en Psic. Martha Patricia Vásquez

RESUMEN 

 “En este trabajo se abordó el tema del maltrato infantil  en el ámbito familiar. Se realizó un análisis de la concepción del niño maltratado con dos diferentes autores  haciendo un recorrido histórico de la problemática hasta llegar a nuestro tiempo. Como conclusiones se comprometió a los profesionales de la salud a buscar estrategias de intervención planteando diferentes premisas que no justifican el maltrato infantil”   

ABSTRACT

“This study broached the subject of child abuse in the family. An analysis of the conception of the abused child with two different authors doing a historical overview of the problem down to our time. As conclusions pledged to health professionals to seek intervention strategies considering different premises that do not justify child abuse “.

  INTRODUCCIÒN

En este ensayo se abordará el tema del maltrato infantil en el ámbito familiar. Se hace un recorrido al trabajo de dos autores que abordan la problemática.

Es necesario hacer un análisis a las concepciones que tenemos con respecto a la violencia o maltrato infantil.

En un primer momento se desarrollara la primera concepción y posteriormente se analizará la otra.

La importancia de buscar una definición es porque se busca justificar dicho acto con la idea de la buena educación,  formación de valores e implementación de reglas en las familias.

Como parte de la idiosincrasia de la cultura mexicana y latina se ha encontrado un tipo de maltrato como formas de educación que utilizan las familias  en las  diferentes generaciones.

Se ha utilizado el maltrato como parte de las técnicas  para generar la buena conducta en los niños, si recordamos las frases que nuestros abuelos y quizás aún padres de esta generación mencionan como parte de la ideología heredara, “¡El que te pega…Te quiere bien!”.

Para definir el maltrato debemos unificar los distintos modelos de trabajo-intervención y los distintos aspectos clínicos, psicosociales y judiciales que condicionan la utilización de diferentes criterios en la conceptualización del maltrato infantil.

La importancia de la familia en el proceso de socialización del niño y el papel de las madres en la educación y del padre como jefe de familia, las diferentes tipologías familiares, tradiciones sociales y leyes, entorno social o urbano, han condicionado el desarrollo social de la infancia, no siendo hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando la familia adquiere las características según nuestra concepción actual de los lazos familiares y del papel de los niños en ella.

En la mitad del siglo XX, La crianza del  niño consistía en formarle y guiarle por el buen camino para adaptarle a la vida en la sociedad. El padre comienza a interesarse por el niño no solo de forma ocasional, e incluso ayuda  a la madre en tareas de crianza.[1]

Actualmente, en muchas familias, cuando alguien quiere intervenir en favor de un niño, se dice: “él es mi hijo y yo hago lo que quiero con él”; es decir, el concepto de “propiedad privada” está internalizado  en nuestra forma de ver y entender las relaciones con nuestros hijos.

Las causas que explican este fenómeno de violencia responden a múltiples factores.

Entre ellos se pueden mencionar:

  • Factores propios del agresor, como son sus características culturales, biológicas o psiquiátricas.
  • Factores propios del agredido, como son las desventajas del niño en términos de  problemas físicos, mentales o el desapego afectivo.
  • Factores ambientales, como la pobreza.
  • Factores culturales, tales como la creencia que el castigo es parte de la crianza de los hijos, en una sociedad centrada en los derechos de los adultos.

Flexibilizarse, sensibilizarse y aceptar que todos somos iguales y que, por lo tanto, cada persona, sea niño, joven, mujer, adulto o anciano, merece la igualdad de espacios para desarrollarse, el respeto a sus derechos más elementales, una libertad plena para pensar diferente y un trato digno y sin violencia.[2]

 CONCLUSIONES:

El abordaje y enfrentamiento de situaciones de Maltrato no sólo demanda formación técnica y profesional de quienes  intervienen en este tipo de conflictivas, sino también una “actitud” y formación ética, compatible con la problemática que se está abordando. En este sentido, el trabajo con niños/as que son víctimas de agresiones,  requiere de un marco o contexto básico, en donde las estrategias específicas de acción se integren y adquieran sentido.

Algunas premisas:

  • No existe ninguna razón que justifique la violencia hacia un niño/a.
  • La violencia no debe tener un lugar dentro de la familia.
  • Nadie merece vivir con miedo, amenazado, lastimado  o insultado dentro de su propia familia.
  • El que abandona,  golpea el alma y el cuerpo es responsable de su propio comportamiento.
  • La conducta violenta se desarrolla en forma progresiva, por lo tanto se deben evitar nuevas crisis.
  • La idea de que quien ejerce  la violencia es “provocado/a”, constituye un mito, que contribuye a mantener y  tolerar la agresión.
  • Cuando la violencia ha comenzado en una familia, es muy difícil que se detenga espontáneamente,  tendiendo a aumentar con el paso del tiempo.

BIBLIOGRAFIA:

  • Casados Flores Juan, José A. Díaz Huertas, Carmen Martínez González, (1997), Niños Maltratados, Editorial Díaz de Santos. S. A., Madrid
  • Iván Zamora Z. (1998), Maltrato Infantil, Coordinador Paicabí, Centro de promoción y apoyo a la infancia. Chile.
  • Arruabarrena, M.I., De Paúl, J. Torres, B. (1990), El Maltrato Infantil: Detección, Notificación, Investigación y Evaluación. Guía Básica de Utilización. Programa de Mejora al Sistema de Atención Social a la Infancia (SASI). Ministerio de Asuntos Sociales, España.


[1] Casados Flores Juan y cols. ( 1997) Niños Maltratados.

[2] Iván Zamora Z.( 1998) Maltrato Infantil.

Hijos de padres divorciados y las consecuencias del divorcio en sus vidas

Por. Adriana De Los Ángeles Flores Pozo

 “Este ensayo se realizo con apoyo de material académico y psicológico, con la intención de encontrar conocimientos que han sido de utilidad para investigaciones en la conducta de niños con padres que se han divorciado. La intención fue describir tal acontecimiento como lo es el divorcio y cuales efectos fueron los comprobados en las conductas de niños y jóvenes. La información aquí espera aclarar si existen consecuencias en los menores, y también que sirva de apoyo para los padres que se encuentran en esta situación. Aquí se encontraran tópicos como la educación del menor y los distintos métodos para abordar un divorcio o separación”.

Este ensayo tiene como finalidad brindar herramientas a padres de familia, docentes y otras personas que se encuentren a cargo de menores. Así como identificar las emociones y conductas del niño ante situaciones que le son ajenas, tales como el divorcio de sus padres, que puede llegar a ser un evento traumatizante o bien armonioso en sus vidas. Se pretende sintetizar las herramientas que se han publicado, tales como investigaciones y ensayos previos, que brinden información necesaria para la comprensión de como una separación o divorcio pueden influir en la vida de un niño, esto de acuerdo al estudio realizado por autores como Riquelme (2005), Benedek (1999) entre otros.

La familia es de una importancia vital para el sano desarrollo de los seres humanos. Sin embargo, en algunas circunstancias, la separación puede ser una medida necesaria cuando la relación de la pareja se ha vuelto muy conflictiva, tiene repercusiones graves sobre los hijos y se han agotado todas las vías para resolver la situación (Pérez, M. Riquelme, 2005).

La disolución legal del vínculo marital es una práctica ampliamente generalizada en el contexto internacional, lo que posibilita que en la mayoría de los países exista el divorcio, aunque con variaciones significativas en los procedimientos para obtenerlo y en las causales que lo justifican (González Fagoaga, 2008). El divorcio fue creado como remedio social contra un matrimonio infeliz, pero en estos últimos años se ha visto que la pareja y gran parte de los hijos de cualquier edad tienden a considerar el divorcio como una experiencia extraordinariamente traumática (Pérez, M. Riquelme, 2005). No hay que minimizar el modo en que será interpretado por el menor, y como influenciara el desarrollo de esta situación toda toma de decisiones que podría devenirle.

Los niños pueden creer que son la causa del conflicto entre sus padres, muchos niños tratan de hacerse responsables de reconciliar a sus padres y muchas veces se sacrifican a sí mismos en el proceso (Benedek, 1999). La pérdida traumática de uno o de ambos padres debido al divorcio puede hacerlos vulnerables a enfermedades físicas y mentales, los padres deben percatarse de las señales de estrés persistentes en sus hijos. Estas señales pueden incluir la falta de interés en la escuela, por los amigos o aún al entretenerse; otros indicios son el dormir muy poco o demasiado y el ser rebeldes y argumentativos con los familiares (Weitzman M, 1998).

La ruptura de la pareja es una de las experiencias más traumáticas y amargas que pueden sufrir los seres humanos(Rojas, 1994). Los actuales valores culturales, que tanto persiguen la calidad de vida y la búsqueda de la felicidad, contribuyen al elevado índice de rupturas de parejas que existe hoy en los países industrializados de occidente (González Fagoaga, 2008).

En su investigación de “El hijo de padres separados”, Riquelme (2005) menciona tres periodos en la separación o divorcio. El período inmediato a la separación se conoce como la etapa aguda y se caracteriza por la agitación máxima y dura unos dos años. Después, la familia entra en una segunda fase de transición caracterizada por cambios más controlados. La tercera y última fase es la pos-divorcio, a la que se llega cuando cesan los principales movimientos familiares de reestructuración y, a veces, después de un nuevo matrimonio (Pérez Riquelme, 2005)

Discusión

Es importante que los padres no coloquen al hijo en una posición de tomar partido cuando los dos adultos más importantes para él tienen criterios tan distintos. Deben ser concretos respecto al futuro de los hijos: el sitio en que vivirán, quién los cuidará, el lugar dónde vivirá el padre no-custodio y la frecuencia de las visitas a sus hijos. Si el niño no quiere hacer la visita es mejor no hacerle sentir culpable, aceptarlo y negociar un próximo encuentro (Pérez Riquelme, 2005). Los padres deben instar a los hijos a que les hagan preguntas y desahoguen sus sentimientos. Conservar a cualquier precio los momentos para estar solo y otros para estar solo con el niño. La separación es un gran choque en la vida del niño. La recomposición familiar rápida es un doble choque cuando el niño no está preparado, es necesario que tenga su ritmo de adaptación.

 Referencias Bibliográficas

  •  Pérez, M. Riquelme, (2005).  Pediatría Integral. Ed. IX. España. Pp. 673-680.
  • Mora, G. (2004).  Familias monoparentales. Ed. XXI. Madrid, España. Pp. 189-96.
  • Ojeda, N. y González Fagoaga, E. (2008). Divorcio y separación conyugal en México en los albores del siglo XXI. Rev. México Social, Vol.70 No.1.
  • Giddens, A. (1998). Familia, matrimonio y vida privada. Ed. SA; Madrid. Pp. 189-227.
  • Rojas, Marcos L. (1994). La pareja rota. Ed. Espasa Calpe SA; Madrid.
  • Weitzman M, y Adair R. (1998). Divorcio e hijos: Niños en riesgo, problemas sociales y médicos. Ed. MacGraw-Hill, Inc. Mexico. Pp. 1451-64.

Convivencia e inteligencia emocional en niños y jóvenes en edad escolar

Por. Yadhira Flores Nevárez

El presente estudio bibliográfico tiene como principal objetivo,  reconocer el grado de convivencia e inteligencia emocional entre escolares, ya que, es un tema de actualidad de gran relevancia social debido, principalmente, a que la escuela es una de las instituciones, junto a la familia, en la que se forman los niños y adolescentes. Para abordar este tema será imprescindible conocer, entre otras cosas, qué grado de inteligencia emocional manejan los niños y jóvenes en la convivencia diaria en el aula entre sus pares. En este trabajo, se estudiará la relación entre variables tales como empatía, autocontrol e impulsividad, que forman parte del constructo denominado inteligencia emocional. Los resultados son alentadores, ya que permiten diseñar programas concretos de intervención en relación con la empatía hacia sus propios pares. Es un compendio de información bibliográfica acerca del surgimiento e importancia de la aplicación de programas focalizados a la identificación y enseñanza de la inteligencia emocional (IE) a nuestros niños y jóvenes, realizado como base de un anteproyecto de tesis para la obtención del grado de posgrado en terapia de pareja y familia.

La inteligencia es un tema por demás discutido y, sin embargo, al intentar definirlo, aún no hay parámetros de concordancia.[1] Si  concebimos a la inteligencia como el salir airoso en un medio complicado, resolviendo los problemas y sabiendo adaptarse a los problemas de la vida, nos podremos dar cuenta de que la mayoría de las veces se requiere algo más que el coeficiente intelectual para avanzar (Gardner, 1995).

Es decir, la inteligencia (proveniente del latín, intellegere, término compuesto de inter “entre” y legene “leer, escoger”, por lo que etimológicamente, inteligencia es “saber escoger” las mejores opciones para resolver una cuestión)[2] y la emoción (del latín emotio, que significa “movimiento o impulso” ; en psicología se define como aquel sentimiento o percepción de los elementos y relaciones de la realidad o la imaginación, que se expresa físicamente mediante alguna función fisiológica como reacciones faciales o pulso cardiaco e incluye, reacciones de conducta como la agresividad, el llanto)[3] son tan antiguas como la ciencia misma y existen múltiples estudios al respecto.

Sin embargo, el término inteligencia emocional, no ha sido estudiado ni discutido como estos conceptos de manera aislada. Este tiene sus antecedentes en el proyecto Spectrum de Howard Gardner, quien es el creador de las inteligencias múltiples, él fue el primero en criticar y reconocer que el repertorio de habilidades del ser humano va más allá de la palabra-número en que se enfocan los estudios tradicionales. Gardner sostiene que deberíamos pasar menor tiempo “evaluando” niños y más tiempo “ayudándolos” a identificar sus gracias y competencias naturales, para así cultivarlos.

Posteriormente, esta propuesta de Gardner es retomada por Goleman en su libro Inteligencia emocional,[4] donde gracias a él se populariza el término y que este llegara a las masas, el cual profundiza en el tema y lo aterriza en el léxico de la población como la capacidad de reconocer los sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. Goleman estima que la IE (inteligencia emocional) se puede organizar en torno a 5 capacidades: Conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación y gestionar las relaciones.

La importancia de la IE radica en aprender a administrar las emociones para que éstas trabajen a favor de la persona. La carencia de alfabetización en IE en las instituciones educativas de nuestro medio ha incidido en el comportamiento aislado, deprimido, indisciplinado, impulsivo y agresivo de los estudiantes y también en sus  aprendizajes pedagógicos. El bajo desarrollo de la IE acentúa el aislamiento, la ansiedad, la depresión, los problemas de atención o del pensamiento, la delincuencia y la agresividad.

Es por eso que se debe considerar de vital importancia, la necesidad de conocer la capacidad de adaptación, tolerancia a la frustración, toma de decisiones, autoconocimiento, en fin, todo lo que engloba la inteligencia emocional en sí, para que de esta manera, sea un punto de partida, para la aplicación de programas en instituciones educativas que promuevan  el autocontrol, la empatía y el arte de escuchar, resolver conflictos y colaborar con los demás. Pero se necesita en primera instancia conocer y detectar en qué nivel se encuentran nuestros estudiantes en materia de inteligencia emocional, para que, a partir de este constructo (inteligencia emocional) se llegue a la acción (aplicación de programas enfocados en el fortalecimiento en materia de inteligencia emocional).Si bien el fenómeno de instigación escolar, no es nada nuevo, si lo es el hecho del aumento de casos de depresión, suicidios, vandalismo, etc en el adulto joven (18-34 años). Personas incapacitadas para adaptarse a su entorno de manera eficaz, por la exposición repetitiva desde su infancia de conductas agresivas (físicas y psicológicas) y sin las herramientas emocionales para adaptarse a las mismas.

“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”.

Aristóteles, Ética a Nicomaco.

 Bibliografía

  • Entrevista con Howard Gardner en INTERNET, http://www.zona.mcye.gov.ar/Zonaeducativa/revista 18/reportaje.html.
  • Gardner H (1995).  Inteligencias múltiples. Barcelona: Paidós
  • Goleman D (1995). Inteligencia Emocional.  E.U.A:Vergara.
  • Wikipedia, Definición de emoción, http://es.wikipedia.org/wiki/emoción
  • Wikipedia, Definición de inteligencia, http://es.wikipedia.org/wiki/inteligencia
  • Papalia D,Wendkos S, Duskin R (2001). Psicologia del Desarrollo. Colombia: Mc Graw-Hill.

[1] Papalia D,Wendkos S, Duskin R. Psicologia del Desarrollo. P. 392.

[2] es.wikipedia.org/wiki/inteligencia

[3] es.wikipedia.org/wiki/emoción

[4] Goleman D. Inteligencia Emocional

Diferencias del duelo en los padres por el nacimiento de un hijo con discapacidad

Por. Lic. Psic. Yusahara E. Martínez Cabrera

El padre y la madre, afrontan de manera muy diferente la discapacidad de un hijo, cuando los padres reciben el diagnostico de que su hijo tiene una discapacidad se inicia un proceso de duelo, cuyo proceso se complica, pues supone independizar  su ensoñación de aquel hijo ideal para acercarse a la realidad del hijo con discapacidad. Este es un proceso largo pero necesario, el de “aceptar” al hijo.  Todos los padres reaccionan con una conmoción y tristeza profunda a la noticia de que su hijo tiene características físicas, emocionales o psicológicas diferentes a las del común de los niños, se resisten a afrontar la verdad; evitan mirar la situación real y distorsionan los hechos para que parezcan más aceptables. Paniagua, G. (2001)

Concepto de discapacidad

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2011), la discapacidad “es cualquier restricción o impedimento para la realización de una actividad, ocasionados por una deficiencia dentro del ámbito considerado normal para el ser humano”.

Tipos de discapacidad.

  • Discapacidades intelectuales: involucra un déficit en el rendimiento intelectual
  • Discapacidades auditivas, visuales y del lenguaje: incluye deficiencias visuales, auditivas o de fonación
  • Discapacidades neuro motoras: la capacidad física del sujeto
  • Alteraciones graves de la capacidad de relación y comunicación.

Padres ante el diagnostico de discapacidad de su hijo.

Los padres, después de sufrir el impacto del diagnóstico, asumen la postura de negar las diferencias y la discapacidad de su hijo. (Kasan y Marvin 1984).

Esa actitud se extiende hasta negar el diagnóstico o poner en duda el que le ha sido comunicado por la institución que ha estudiado al niño .La negación del problema genera razonamientos y “maniobras emocionales”, que conducen a los padres a la evasión de la gravedad del defecto, y sus implicaciones en el niño. Suele ocurrir que algunos demuestren un ambiente de normalidad, de ausencia de factores estresantes; mientras que otros esperan que sobrevenga una pronta e idealizada recuperación. (Sorrentino, 1990:16).

Puede suceder que la pareja quiera atribuirse, uno al otro, la responsabilidad o la paternidad del defecto; surge así un sentimiento de culpa, que lastra la unidad necesaria para enfrentar y superar el momento de crisis que atraviesan.  (Ibis, 1990)

La interrupción de la trayectoria laboral de la madre, la reducción de la esfera de las relaciones sociales, la desaparición del tiempo libre, la eliminación de las visitas a los amigos, constituyen frustraciones vitales, que pueden conducir al rechazo por el hijo (reacción involuntariamente inconsciente), que no necesariamente conduce al abandono de este. Soifer (1993)

Pasa a segundo plano la necesidad de mantener y cuidar su aspecto físico y de satisfacer otras necesidades familiares y personales. En ocasiones, se crea una situación cíclica porque la madre puede percatarse, con ayuda externa o sin ella, de su estado y una reacción la llevaría a atender los roles abandonados, lo que la lleva a autoevaluarse como “mala”, por no dedicarle todo el tiempo al hijo discapacitado, por lo que los vuelve a abandonar, ahora con mayor fuerza y mayores sentimientos de culpa. Toda esta situación va en detrimento de la madre, ya que con frecuencia es objeto de la “tiranía” de un hijo que ella misma ha modelado con actitudes sobreprotectoras extremas. (Kasan y Marvin 1984)

La crisis por el diagnostico de un hijo con discapacidad

El equilibrio de la familia queda generalmente descompensado, tanto el funcionamiento interno de la familia como sus relaciones con el mundo exterior, se altera.  En los padres ante el diagnostico de discapacidad de su hijo se dan una serie de sentimientos, que impiden comprender la situación y que muchas veces los paraliza.  Son una serie de reacciones naturales ante los aspectos negativos de la limitación, surgen como una defensa primitiva ante el sufrimiento psicológico, actúan como un anestésico, de efecto inmediato, aunque temporal, que da a la estructura psíquica tiempo para elaborar un sistema de defensa más adecuado. Es característico en este momento que los padres tengan una visión muy limitada de su situación. Están aturdidos y presentan dificultades para responder ante la persona y situaciones de la vida diaria. (Paniagua. 2001)

Esto incide en la manera como entienden las cosas que el equipo de profesionales que atienden a su hijo le dicen acerca de su diagnóstico y pronóstico. La información que en ocasiones se le intenta transmitir, es en palabras de los profesionales, “como sino las entendieran”, se produce un desfase entre el saber y la verdad: comprenden las palabras pero no escuchan la verdad, pues está implica un dolor intenso y en muchos casos es destructivo para la estabilidad emocional. . (Ibis. 2001).  Es igualmente importante hecho de que este proceso se da justo en el momento en que su hijo más los necesita a nivel de la aceptación, protección y apoyo. Como vemos el nacimiento del niño con discapacidad, produce una crisis que tiene varias fases la primera: es la fase de shock, la segunda es la fase de reacción y la última es la fase de la realidad, en la que se produce una adaptación al problema, puesto que los padres tienen que enfrentarse a la crianza del niño o niña con discapacidad.  Por otra parte, diversos autores (Ingalls, 1989; Cunningham y Davis, 1994; Jasso, 2001; Nuñez, 2003) comentan que “el hecho de identificar a un niño con características diferentes invalida la estructura familiar y provoca inseguridad y ansiedad, esto hace más difícil el que los padres sientan apego por el niño o la niña en el sentido de que éste los complete o valide”. Al oír el diagnóstico, algunos padres sienten un fuerte impulso protector. Otros continúan estando inciertos e inseguros sobre sus sentimientos durante meses.

Durante este tiempo, tratan de predecir cómo será el futuro con el niño, qué problemas surgirán y cómo se enfrentarán con ellos en el porvenir.  “Los padres de niños con características diferentes sufren una fuerte conmoción al recibir la noticia de la discapacidad de su hijo, rompe todas las expectativas y los sumerge en una inesperada sensación de desconcierto y preocupación que se va transformando en un sentimiento de impotencia y soledad”. Muntaner (1998).

La reacción por género

En la mayoría de estudios sobre el tema, se valora el impacto que tiene el nacimiento de un hijo discapacitado en el núcleo familiar o en la madre.  “Los padres en muchos casos son los que sufren mayor depresión”. (Kasan y Marvin 1984), debido quizás a la dificultad que tienen para expresar sus afectos, en este sentido, suelen presentar un acercamiento progresivo y gradual, en cambio las madres muestran periodos de euforia y crisis, presentando una mayor tendencia a la aflicción, a sentir sentimientos de culpa y a necesitar exteriorizar sus sentimientos, lo que les ayuda a evitar la depresión.

 Al interior de las aulas o espacios de rehabilitación, el padre brilla por su ausencia. Es común identificar que el mayor peso de la responsabilidad a este nivel es delegado y asumido por las madres, las mujeres. Son ellas, las que asumen  en ocasiones de manera estoica  el compromiso de “sacar adelante a sus hijos”, haciendo frente a cualquier adversidad, asumiendo cualquier costo, hasta el descuido y la renuncia hacia sí misma. Es común identificar a muchas madres que “dan la vida por sus hijos”, y esto en el sentido estricto de la palabra es permutar su vida por la de su hijo. (Kazán y Marvin 1984)

MADRE/PADRE (Cuidadora primaria) (cuidador secundario).

Las madres con hijos con discapacidad, la expresión o sentimiento de duelo se manifiestan ante la realidad de tener un hijo con deficiencia, hecho que repercute dolorosamente en ellas, ya que estas pierden la ilusión y la idea del hijo perfecto, sano y “normal”. En el duelo del padre aparecen con mayor intensidad sentimientos de rechazo, vergüenza, tristeza, etc. Todo lo cual a su vez disminuye la motivación y participación activa del padre en la aceptación y rehabilitación del niño. No exteriorizan sus sentimientos y no lloran, e incluso evitan cualquier mención o referencia de su “pérdida” y muchas veces se incorporan rápidamente a su vida corriente, siendo esta una forma aparentemente “normal” de afrontar la pérdida. Soifer (1993)

La interrupción de la trayectoria laboral de la madre, la reducción de la esfera de las relaciones sociales, la desaparición del tiempo libre, la eliminación de las visitas a los amigos, constituyen frustraciones vitales, que pueden conducir al rechazo por el hijo (reacción involuntariamente inconsciente), que no necesariamente conduce al abandono de este.  Se dedica por entero a cumplir su rol de “madre del hijo discapacitado” y olvida que tienen otros hijos (en los casos en que exista), un esposo que también sufre, etc. Evita sus obligaciones como padre de manera inconsciente muchas veces deja sola a su cónyuge. Cree que es ella quien tiene la obligación de velar por el bienestar del hijo que procreado.(Paniagua. 2001)

Se crea una situación cíclica porque la madre puede percatarse, con ayuda externa o sin ella, de su estado y una reacción la llevaría a atender los roles abandonados, lo que la lleva a autoevaluarse como “mala”, por no dedicarle todo el tiempo al hijo discapacitado, por lo que los vuelve a abandonar, ahora con mayor fuerza y mayores sentimientos de culpa.. (Giberti, E. 1999) 

Conclusión

De acuerdo a lo ya analizado, la figura paterna y materna afrontan de manera muy diferente la discapacidad de un hijo así con esto se muestra la negación del padre la cual prevalece por más tiempo y se acorta sensiblemente para la madre. El padre pasa por la negación la cual le ayuda a  conserva la esperanza de que pueda existir algún error en el diagnóstico con esto evita  mirar la situación real y distorsionan los hechos para que parezcan más aceptables, se comportan fríos calculadores y prácticos hacia la situación, dejando la mayor parte del tiempo a la madre sola con una ayuda no involutiva. Así entonces la figura materna se erige o edifica dentro de la familia que tiene un hijo con discapacidad como la figura predominantemente de mayor valor por afrontar con mayor entereza, asertividad, protección y amor a un hijo de tales características.

 Bibliografía

  • Discapacidad OMS 2011 http://www.who.int/topics/disabilities/es/
  • GIBERTI, E. 1999. “Escuela para Padres. Fascículo Nº 20. Página 12”. Bs. As. Argentina
  • Ingalls, R P (1989) retraso mental. La nueva perspectiva. México: el manual moderno
  • Jasso, G.L. (2001) El niño Down: mitos y realidades. México: El Manual Moderno.
  • Kazán, A. y Marvin, R (1984). Differences, difficulties and adaptation: stress and social networks in families with handicapped child. Family Relations, 33, 67-77.
  • Muntaner, JJ (1998) La sociedad ante el deficiente mental. Normalización, Integración Educación, Inserción Social y Laboral. Madrid: Narcea.
  • Mcgillicudy-Delsi, Vay Siegal, IE (1986), Efecct oy the atypical child on the family. In LA Bond y JM Joffe (Eds). Facilating Infant and Early Childhood Development. Press of New England, Hanover y London
  • Núñez, B. “El niño sordo y su familia”. Aportes desde la psicología clínica. Ed. Troquel Educación. 1991
  • Paniagua, G. 2001. “Desarrollo psicológico y educación”. Madrid. España.
  • Soifer, R. 1971. “Psicología del embarazo, parto y puerperio” Ediciones. Kargieman. 1973. 2° edición. Bs. As. Argentina
  • SorrentinO, A. M. (1990). Handicap y rehabilitación., Barcelona, Paidós

Maltrato infantil dentro de la familia

Por: Tomás Armando Llamas Uguez

La problemática del maltrato infantil ha sido objeto de atención para los profesionales de manera reciente desde que Kempe describiera en 1962 lo que llamó “síndrome del niño apaleado”, consistente en la descripción de las consecuencias del maltrato físico desde un punto de vista pediátrico, con el fin de buscar una solución al problema. Con este trabajo se “descubrieron los malos tratos infantiles”. Aunque si miramos más allá en el siglo XIX, concretamente en el año 1866, se conoció el caso de la niña Mary Ellen Wilson en Nueva York, quien a los nueve años de edad sufría continuos maltratos y abusos, donde era golpeada, herida con objetos punzantes, atada, además de sufrir desnutrición (Verhellen, 1994).

Lamentablemente, vivimos en un mundo donde la violencia ha existido y predominado desde tiempos remotos. A su vez, el maltrato infantil es algo que se viene dando desde hace mucho tiempo atrás (recordemos el caso de Mary), pero con el único detalle, que ha ido incrementado en su porcentaje.

Desafortunadamente no existe una definición única de maltrato infantil, ni una delimitación clara y precisa de sus expresiones. A pesar de esta dificultad para elaborar el concepto, su concepción depende de factores culturales, étnicos, religiosos, sociales, educativos, etc. Incluso encontramos que se acepta el castigo físico dentro de unos límites digamos “aceptables” como la edad del niño o niña y por supuesto, en ocasiones puntuales (Baumrind, 1994).

 Sin embargo, lo más aceptado como definición de maltrato es “cualquier daño físico o psicológico no accidental a un menor, ocasionado por sus padres o cuidadores, que ocurre como resultado de acciones físicas, sexuales o emocionales o de negligencia, omisión o comisión, que amenazan al desarrollo normal tanto físico como psicológico del infante” (Musitu y García 1994).

En los primeros momentos del desarrollo evolutivo se observan repercusiones negativas en las capacidades relacionales de apego y en la autoestima de las y losEl abuso de los padres a los hijos infantes. Así como pesadillas y problemas del sueño, cambios de hábitos de comida, pérdidas del control de esfínteres, deficiencias psicomotoras, trastornos psicosomáticos, etc. En infantes escolares y adolescentes encontramos: fugas del hogar, conductas autolesivas, hiperactividad o aislamiento, bajo rendimiento académico, deficiencias intelectuales, fracaso escolar, trastorno disociativo de identidad, delincuencia juvenil, consumo de drogas y alcohol, miedo generalizado, depresión, rechazo al propio cuerpo, culpa y vergüenza, agresividad, problemas de relación interpersonal, entre otras causas no menos importantes (Hernández, 2010).

Diversos estudios señalan que el maltrato, casi siempre, continúa de una generación a la siguiente. Así mismo, las estadísticas mundiales revelan que más del 60% de los niños que sufren maltrato pertenecen a la edad escolar y a pesar de ello sólo entre el 5% y el 15% de los casos denunciados provienen de maestros, profesores o docentes del sistema educativo en general (OPS, 2002). Por lo tanto, la preocupación por el maltrato infantil, transciende la intranquilidad local e interna y se ha convertido en los últimos años en una inquietud de nivel internacional.

A su vez, la ONU ha ubicado a México entre las naciones más violentas del mundo. Además de todo lo que esto implica en lo económico, político y social, su impacto más negativo lo tiene, sin duda alguna entre los niños y las niñas púberes y adolescentes que viven a diario distintas situaciones de violencia como pueden ser por la pobreza, la migración, el rechazo y por la ignorancia que tiene algunas personas adultas (OMS, 2010). Cuando la gente es muy pobre, tienden a maltratar a sus hijos, y esto se debe porque en algunos casos estas personas no recibieron educación alguna o una orientación de como formar a sus hijos lo que les hace creer que lo que hacen esta bien.

Datos ofrecidos estiman que en América Latina no menos de 6 millones de niños, niñas y adolescentes son objeto de agresiones severas y un promedio de 80 mil infantes mueren cada año por la violencia que se presenta al interior de la familia (UNICEF, 2006). Entonces, resulta fundamental concientizar a todas aquellas personas responsables del cuidado y la atención de los menores sobre los derechos de la niñez, y capacitar y brindar asesoría, principalmente a los padres, con el fin de lograr una actitud de respeto hacia la niñez.

Sin embargo, es también conocido que la capacidad de algunos individuos a sobreponerse con mayor facilidad al maltrato infantil y sus efectos, radica en su nivel de resiliencia. Entendiéndose éste concepto como “la capacidad que posee un individuo frente a las adversidades, para mantenerse en pie de lucha, con dosis de perseverancia, tenacidad, actitud positiva y acciones, que permiten avanzar en contra de la corriente y superarlas” (E. Chávez y E. Yturralde, 2006). Esta resiliencia está dada por la contención afectiva y los límites claros puestos a lo largo de la crianza desde la infancia, por lo que quienes cuentan con escasa resiliencia son más vulnerables a padecer estrés postraumático o disociación.

Tomando en cuenta que el desarrollo y la formación de las y los menores depende básicamente de la educación que reciben en casa, así como de la escolaridad formal y del trato que en general reciben en las diversas instancias donde ellos participan, y donde en su mayoría dependen de personas adultas, resulta fundamental adoptar planes, estrategias de acción y programas que incluyan objetivos y medidas para modificar pautas culturales y discriminatorias que justifican y reproducen estereotipos sociales los cuales a su vez, son origen y consecuencia de formas específicas de violencia contra niños, niñas y adolescentes (INMUJERES, 2007).

La prevención del maltrato infantil requiere un enfoque multisectorial. Los programas eficaces son los que prestan apoyo a los padres y les aportan conocimientos y técnicas positivas para criar a sus hijos, que a su vez, son eficaces para reforzar los factores de protección frente al abuso sexual en la infancia. Y cuanto antes se producen estas intervenciones en la vida del infante, mayores son los beneficios que le pueden aportar a él y a la sociedad.

El maltrato infantil es un drama que día a día viven las y los infantes, motivo que no les permite crecer de manera sana y equilibrada como deben hacerlo; contrariamente crecen llenos de temores, cuando en su niñez lo que es primordial es su salud mental y emocional. Todas las personas que maltratan deben razonar y buscar una mejor manera de educar a sus hijos, y si no se sienten capaces de poder hacerlo deberían buscar orientación profesional, porque de este modo se podrá prevenir y erradicar el maltrato infantil (De la Cruz, 2010).

Como ya se menciono, el maltrato infantil es un problema mundial con graves consecuencias que pueden durar toda la vida. Sin embargo, no hay estimaciones fiables de la prevalencia mundial del maltrato infantil, pues no hay datos acerca de la situación existente en muchos países, especialmente los de ingresos bajos y medianos.

Cualquiera de las expresiones de maltrato en contra de los menores, trastorna su desarrollo integral y afecta de manera significativa su rendimiento y funcionamiento en todas las actividades que desempeñan, situaciones que comúnmente prevalecen en la edad adulta y los expone a un mayor riesgo de enfrentar desórdenes psiquiátricos, suicidios o consumo de drogas, entre otros factores que actúan en detrimento de su salud física y mental. Al respecto, se ha insistido en que las actitudes violentas manifestadas en la edad adulta se originan en el seno familiar, por lo general durante los primeros años de vida.

Por lo tanto, los efectos del maltrato sobre el infante dependen de muchos factores: la edad al inicio u ocurrencia de la(s) experiencia(s) violenta(s), el sexo de la víctima, su relación con el(la) agresor(a), la cronicidad de la violencia, etc.

Es importante entender que nadie, independientemente de la edad, merece vivir con miedo, amenazado, lastimado o insultado dentro de su propia familia o grupo social. Asimismo, no existe ninguna razón que justifique el maltrato hacia un niño o niña.

Bibliografía: