EL VALOR QUE TIENEN LAS PALABRAS

Podría escribir un libro completo de todas estas maravillosas palabras, que fueron parte de un movimiento social en algún momento:

  • -Podrán morir las personas, pero jamás sus ideas., (Ernesto “Che” Guevara)
  • -El peor enemigo de la revolución es el burgués que muchos revolucionarios llevan adentro- (Mao Tse Tung)
  • -No hay Revolución sin Revolucionarios – Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos – (José de San Martín).
  • En los momentos de crisis sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. (Albert Einstein).
  • -Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. (Jesús de Nazaret según Mateo 5:1-12)
  • -Tendremos que arrepentirnos en esta generación, no tanto de las malas acciones de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena…(Martin Luther King)
  • No podemos tener una revolución que no involucre y libere a las mujeres. (John Lennon.)
  • -El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan. (Karl Marx)
  • -Cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista. (Obispo Helder Camara).

Sin embargo, me pregunto, ¿acaso sirven de algo las palabras, pronunciadas o escritas si nadie las escucha o lee?

Las palabras, están allí, o más bien, están aquí, en este preciso instante, estas palabras que escribo, ¿qué valor tienen?, ¿a quién impactan?, ¿a quién le mueven la conciencia?, ¿a quién le importa?

¿A mí?, que soy quien las plasma en este documento, o ¿a ti?, qué las estás leyendo.

Te has puesto a pensar, ¿realmente, quien le da valor a las palabras?, ¿el que las dice o escribe, o quien las escucha o lee?

En un principio, obviamente, el valor inicial, se lo da quien las dice o escribe, porque esa es la intención, decir o escribir algo para comunicar ideas y emociones, pero es quien las escucha o lee, quien finalmente dará valor a las palabras, las hará suyas, les pondrá una emoción y las compartirá.

Cada vez que leo o escucho algo, SOY YO, quien le dará valor a eso que leí o escuché, SOY YO el lector o escuchante[1] quien se apropia del mensaje, le da un valor y le asigna un sentimiento.

Tengo la libertad de decidir, si lo que escucho o leo, me lastima, me fortalece, me hace feliz o simplemente, ignorarlo.

SOY YO,  cuando leo  o escucho,  el que decide si lo que escribes o dices, vale la pena ser leído o escuchado.

SOY YO, quien se engancha cuando escucha palabras ofensivas o altisonantes, SOY YO quien se lastima por lo que escucha, SOY YO quien se siente feliz, con lo que escucha o lee.

Finalmente lo que escucho o leo, me afectará de alguna manera, solo si YO PERMITO QUE ASI SEA.

SOLO YO, soy responsable de DARLE VALOR A LAS PALABRAS,  al ESCUCHARLAS O LEERLAS.

 


[1] NOTA: Intencionalmente utilicé la palabra Escuchante en lugar de Oyente, porque considero más adecuada al proceso de oír racionalmente

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